martes, 22 de noviembre de 2011

La cruzada moral contra la prostitución

Para las personas que quieran profundizar más recomiendo la lectura del " Malleus-Malificadum" o el martillo de las brujas.

Ronald Weitzer
Una nueva y potente cruzada moral contra la prostitución y la trata sexual ha surgido en los últimos años, enfocando estos temas con entusiasmo y haciendo acopio de afirmaciones descabelladas. Esta cruzada ha conseguido una serie de importantes victorias al conseguir que su ideología se vea incorporada a leyes y políticas gubernamentales, produciendo una creciente quiebra de la industria del sexo tanto en Estados Unidos como en el extranjero.
Las cruzadas morales surgen como reacción a lo que se percibe como un problema social, que ellos definen como un mal incalificable; los participantes ven su misión como una empresa justa cuyos fines son, a la vez, simbólicos (conseguir redefinir o reforzar los límites normativos) y prácticos (intentar aplastar a los malos y/o proporcionar alivio a las víctimas). Los cruzados se dirigen, típicamente, a las élites políticas para que hagan algo con el problema, y las cruzadas exitosas consiguen cierta forma de institucionalización -en la política, la ley o la aplicación de ésta. Además de ganar batallas legales y políticas, las cruzadas exitosas también se benefician en la medida en que su ideología recibe respaldo oficial del Estado, que ayuda a afirmar las normas morales de los cruzados, elevar su estatus y, a menudo, genera un influjo de nuevos recursos.
Las cruzadas morales toman la forma de "pánicos morales" si el mal que se combate es exagerado desproporcionadamente, si el número de víctimas que se alega es mucho mayor que lo que respalda la evidencia disponible, y si las afirmaciones ocasionan una ansiedad o alarma exageradas entre, al menos, una parte de la población. En un pánico moral, la gravedad y escala de la amenaza o peligro excede con mucho su realidad objetiva. Según esta definición, la presente cruzada contra la prostitución puede ser considerada un pánico moral por excelencia.

¿Quién está dirigiendo esta cruzada?
La cruzada contra la prostitución ha sido impulsada por una alianza de la derecha cristiana y las feministas radicales. La primera incluye Focus on the Family, la Traditional Values Coalition, la Asociación Nacional de Evangélicos, la Conferencia Episcopal Católica, la Religious Freedom Coalition y muchos otros. Para los conservadores religiosos, la prostitución simboliza el liberalismo sexual, la decadencia moral y la ruptura de la familia. Como dijo el fundador de Evangelicals for Social Action, Ron Sider, en Seattle Weekly (8/25/04), la campaña contra la prostitución y la trata sexual “tiene que ver , ciertamente, con una preocupación evangélica por la integridad sexual. El sexo debe ser reservado para una relación matrimonial donde existe un contrato vitalicio entre un hombre y una mujer.” Una política de mano dura del gobierno hacia la prostitución ratifica así los puntos de vista de la derecha cristiana respecto al sexo y la familia. Para el feminismo radical (que no es nada más que una facción del feminismo) la prostitución es definida como dominación machista, explotación y violencia contra las mujeres —se practique o no voluntariamente, sea legal o ilegal. La organización feminista radical más prominente, la Coalition Against Trafficking in Women, proclama en su página web: “Todo tipo de prostitución explota a las mujeres, independientemente del consentimiento de éstas. La prostitución afecta a todas las mujeres, justifica la venta de cualquier mujer y reduce a todas las mujeres a sexo.”
Aunque estos activistas religiosos y feministas son fieros oponentes en otros temas sociales, tales como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, se han unido en un matrimonio de conveniencia en su campaña contra la industria del sexo. Hace dos décadas, estos extraños compañeros de cama forjaron la misma coalición en su oposición a la pornografía, desempeñando un papel predominante en la comisión nacional de 1985, presidida por el Fiscal General Edwin Meese. Las recomendaciones de la comisión se basaron fundamentalmente en el testimonios de los principales activistas anti-pornografía, incorporaron sus tesis (y despreciaron las evidencias contrarias) referentes a los distintos daños que ocasionaba la pornografía (por ejemplo, ser causa de violencia contra las mujeres, decadencia moral...) y llevaron a una política nacional de represión de los distribuidores de pornografía, ocasionando la quiebra de bastantes negocios.
La historia se está repitiendo hoy. Las alegaciones de la comisión Meese acerca de los daños de la pornografía están siendo recapituladas en las afirmaciones de la administración Bush acerca de la prostitución y la trata, y son,  de la misma manera, fuertemente influenciadas por las fuerzas convergentes de la derecha y de las feministas. Como admitió en una entrevista el director de la oficina de trata del Departamente de Estado, John R. Miller, New York Post (5/22/05), el gobierno federal ha estado “trabajando estrechamente con las comunidades religiosas y las organizaciones feministas” para combatir todas las formas de prostitución. De hecho, una coalición de estos grupos impulsó agresivamente la legislación que llevó a la Trafficking Victims Protection Act of 2000 (TVPA) y a la creación de la nueva oficina del Departamento de Estado para Monitorizar y Combatir la Trata de personas. Miller dijo al New York Times (10/26/03) que consideraba a estos grupos totalmente comprometidos en la lucha contra la trata. “Están obsesionados con este tema. Pienso que eso es grande. Ayudaron a que se aprobara la legislación. Pienso que tienen que tienen influencia sobre todo el gobierno.”
La comisión Meese desencadenó una reacción entre los investigadores (por ejemplo, Larry Baron, Society, July-August 1987; Carole Vance, The Nation, August 2, 1986) y resistencia por parte de la industria pornográfica, pero los recientes desarrollos de la política hacia la prostitución/trata han encontrado mucha menos oposición —debido, quizás, a que la prostitución es ilegal aquí y nadie va a presionar a favor de la trata. La cruzada contra la prostitución es otro ejemplo de cómo la ideología ha triunfado sobre la ciencia en la administración Bush, pero, en este caso, la comunidad científica ha permanecido mayoritariamente en silencio.
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Afirmaciones discutibles 
Los cruzados morales hacen, típicamente, afirmaciones universales y, a menudo, inverificables acerca de la naturaleza y extensión de un mal social particular.  Mi revisión de las publicaciones y testimonios de las organizaciones líderes de esta campaña, así como de importantes documentos gubernamentales, identificó las siguientes afirmaciones fundamentales:


La prostitución siempre implica ( y es un ejemplo extremo de ello) dominación machista y explotación de las mujeres, independientemente del momento histórico, el contexto social o el estatus legal. La prostitución nunca ha sido (y nunca puede ser) organizada de forma que maximice los intereses de las trabajadoras y empodere a las mujeres. 
  
La violencia está omnipresente en la prostitución. No es sólo que las prostitutas experimenten incidentes violentos; por el contrario, la violencia es descrita como absolutamente “intrínseca” a la prostitución —de forma categórica y universal. El mantra continuamente repetido por las organizaciones anti-prostitución es que la prostitución es violencia por definición. Igualando la prostitución con la victimización, estos activistas esperan ganar un amplio apoyo a su cruzada. ¿Quién puede apoyar la prostitución si toda ella es violencia contra las mujeres?
Las prostitutas son víctimas carentes de autonomía. No hacen elecciones activas para entrar o permanecer en la prostitución, y la distinción entre prostitución voluntaria y forzada es una falacia. Los activistas usan los términos “mujeres prostituídas” y “esclavitud sexual” para llevar a la idea de que la prostitución es algo hecho a las mujeres, no algo que pueda ser elegido. Es sencillamente imposible que nadie decida ser “usado” de esta manera. Como Melissa Farley, una prominente activista feminista radical, declara: “En la medida en que se supone que una mujer ha escogido libremente la prostitución, se deduce que en su naturaleza está disfrutar con la dominación y la violacíón” (Melissa Farley and Vanessa Kelly, Women and Criminal Justice, 2000). La única ocasión en que las mujeres hacen una elección es cuando deciden dejar la prostitución. 
La legalización o despenalización sólo empeoraría la situación. Tales políticas son malas tanto simbólicamente (al dar el Estado su bendición a una institución vil y legitimar la explotación sexual de las mujeres por los hombres) como prácticamente (sólo conseguirían aumentar todos los problemas asociados con la prostitución). Los activistas anti-prostitución están muy preocupados con lo que ellos perciben como la “normalización” de la prostitución en diversas partes del mundo. Se percibe la normalización en el uso de términos tales como “trabajadora sexual”, “escort”, y “bailarina exótica”, y en la premisa que respalda la prostitución legalizada y regulada por el Estado. El director del Protection Project, Mohamed Mattar, fue totalmente categórico en un informe redactado en abril de 2005: “La prostitución debe ser ilegal”.

Estas afirmaciones están basadas, en parte, en un entramado ideológico que cree sencillamente bien que la prostitución es pecaminosa, inmoral y nociva para la familia (la posición de la derecha) bien que es opresiva para las mujeres (la visión feminista radical), y en parte en “estudios” de investigación llevados a cabo por ciertos activistas académicos. Lo primero (ideología moral) es imposible de corroborar porque se basa en artículos de fe. Lo segundo (estudios de investigación) es más asequible al escrutinio científico. De hecho, los estudios en cuestión están repletos de errores metodológicos y analíticos. La evidencia en contra es rutinariamente ignorada, se maquillan anécdotas como evidencias, abundan las incongruencias, y el muestreo es sesgado hacia el segmento más desaventajado de la industria del sexo. 


Estos estudios erróneos son rebatidos por un gran cuerpo de investigación en ciencias sociales, que revela una realidad muy diferente de las cuatro afirmaciones fundamentales destacadas arriba. La prostitución toma diversas formas y existe bajo condiciones cambiantes, con una complejidad que desafía a las generalizaciones simplificadoras que se hacen. Los siguientes puntos se basan en mi revisión  de la mejor investigación sobre el tema:
•  La violencia en la prostitución no es tan generalizada como proclaman muchos activistas. Dado que ningún estudio usa muestras al azar, sistemáticas, y todo se basa, por el contrario, en muestras de conveniencia en esta población de difícil acceso, cualquier cifra sobre la incidencia de la violencia debe ser tratada con suma moderación. Por tanto, cualquiera que afirme que el 70-80 por ciento de las prostitutas han sido asaltadas o violadas, como hacen varias autoras feministas radicales, está violando un canon científico fundamental —a saber, que las generalizaciones no pueden basarse en muestras no representativas. Pero, habiendo dicho esto, la literatura de investigación indica ciertamente que la violencia es un riesgo ocupacional mayor para las prostitutas callejeras que para las de interior. Varios estudios comparativos hallan que call girls, escorts y trabajadoras en burdeles y salones de masaje son mucho menos vulnerables al abuso que las trabajadoras de calle. Un estudio, por ejemplo, encontró que las prostitutas callejeras tenían una probabilidad tres veces mayor que las call girls y las trabajadoras de sauna de haber sufrido una agresión y once veces mayor de haber sido violadas (Stephanie Church et al., British Medical Journal, March 2001). Otro estudio encontró que las trabajadoras de calle tenían una probabilidad tres veces mayor que las escorts de haber sido golpeadas y tres veces mayor de haber sufrido una agresión sexual  (John Lowman and Laura Fraser, Violence Against Persons Who Prostitute, 1995).
•  Esta descripción global de las prostitutas no es consistente con los hallazgos de la investigación. Las trabajadoras no se ven necesariamente a sí mismas como “prostituídas” o como víctimas. Muchas se ven a sí mismas en términos más neutrales, tales como “mujeres trabajadoras” o “trabajadoras sexuales”. Ausente del discurso de los cruzados morales está cualquier referencia a esas trabajadoras que han hecho decisiones conscientes de entrar en el comercio, rechazan la noción de estar oprimidas y explotadas, y no se sienten ni degradadas ni deshumanizadas. Muchas de aquellas que trabajan para agencias de escorts, burdeles y salones de masaje, así como call girls independientes,  entran en esta categoría. En los Estados Unidos, la vasta mayoría de las prostitutas (alrededor del 80 por ciento) trabajan en interior, no en las calles, aunque mucho de lo que se dice acerca de la prostitución parece estar basado en estereotipos de prostitutas callejeras victimizadas generalizacos a toda la prostitución. También ausente del discurso de la cruzada está cualquier referencia a la prostitución masculina o transexual; la derecha cristiana condenaría ésta tanto como la prostitución femenina, pero la posición feminista radical hacia el trabajo sexual masculino/transexual se mantiene opaca.
•  Los estudios de los clientes previenen contra caracterizaciones grandiosas. Los clientes varían considerablemente en características demográficas, motivación y conducta. Provienen de todos los grupos raciales y de todas las clases sociales, y comprar sexo por diferentes razones. La mayor parte no son violentos; un pequeño porcentaje es responsable de la mayor parte de la violencia contra las prostitutas, de acuerdo con el mayor estudio hecho hasta ahora, una encuesta de 2.300 clientes (Martin Monto, Violence Against Women, February 2004).

• La investigación de la prostitución legal indica que, bajo las condiciones adecuadas, la prostitución puede ser organizada de una forma que aumente grandemente la seguridad y la satisfacción laboral de las trabajadoras. Aunque ningún sistema está carente de riesgos, las mujeres que trabajan en la prostitución legal en Holanda experimentan muy poca violencia. Según un estudio de 2004 del Ministerio de Justicia de ese país, la “vasta mayoría” de trabajadoras en burdeles, clubs y escaparates informan de que “siempre, o casi siempre, se sienten seguras”. De forma similar, una de las ventajas de los burdeles legales de Nevada es la protección frente a la violencia. Estos burdeles  “ofrecen el ambiente más seguro posible para que las mujeres intercambien actos sexuales consensuados por dinero”, según concluye un estudio reciente (Barbara Brents and Kathryn Hausbeck, Journal of Interpersonal Violence, March 2005). Y una evaluación general de los burdeles legales en Queensland, Australia, hecha por  la Comisión de Crímenes y Delitos del gobierno, concluía: “No hay duda de que los burdeles con licencia proporcionan el ambiente de trabajo más seguro para las trabajadoras sexuales en Queensland... Los burdeles legales que ahora funcionan en Queensland proporcionan un modelo sostenible para una industria de burdeles con licencia saludables, sin crimen y seguros”. En los tres casos, elaboradas medidas de seguridad (botones de pánico, dispositivos de escucha y servicio de vigilancia) permite a los administradores responder a clientes indisciplinados o violentos de forma rápida y efectiva.
En resumen, hay una gran cantidad de evidencia que contradice las afirmaciones generalizadoras de esta cruzada moral. Desafortunadamente, estas afirmaciones han echado raíces en el propio discurso moral del gobierno americano, en la legislación y en la política de subvenciones.
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Legislación y Política en Estados Unidos
Las cruzadas morales que tienen éxito se benefician de un llegada de recursos, procedentes ya de donaciones privadas, ya de gobiernos simpatizantes. Resulta que la trata ha resultado muy lucrativa para toda una serie de organizaciones. El gobierno de Estados Unidos repartió 300 millones de dólares durante los últimos cuatro años a las ONG internacionales y domésticas. Varias organizaciones se han visto llover generosamente el dinero —los grupos que “rescatan” víctimas, como International Justice Mission y Shared Hope International, han recibido cada uno alrededor de un millón de dólares. Y las conferencias sobre la trata han sido subvencionadas en todo el mundo; una en Washington, D.C., en febrero de 2005, recibió 1,8 millones de dólares, según el Seattle Weekly (8/25/04). La campaña contra la trata se ha convertido en un gran negocio.
Además de estos beneficios materiales, las cruzadas morales que tienen éxito alcanzan la victoria en la medida en que su ideología es incorporada a la política gubernamental oficial. Los puntos de vista de la cruzada anti-prostitución han sido insititucionalizados llamativamente pronto, a juzgar por los cambios en las leyes y la política del gobierno de Estados Unidos. En términos de política exterior, las posiciones de la cruzada son abundantemente evidentes en el TVPA, el informe de trata de personas anual del Departamento de Estado, y la infame página web del Departamento The Link Between Prostitution and Sex Trafficking. Dentro del país, el cambio de política está contenido en la End Demand for Sex Trafficking Act de 2005 (HR 2012 y S 937),  . A pesar de su título, el anteproyecto cubre muchos más asuntos que la trata sexual; su objetivo es “combatir las actividades sexuales comerciales” en general. HR 2012, la TVPA y el Criminal Estatuto, definen todos ellos el sexo comercial como “cualquier acto sexual a cambio del cual se de o se reciba algo de valor por cualquier persona”. Con este enfoque increíblemente elástico, los objetivos parecerían incluir la pornografía legal, cuyos actores son pagados por actos sexuales, así como la prostitución en burdeles legales en Nevada y quizas la danza erótica en clubs de strip, si esto se califica como una clase de “acto sexual”.
La nueva página web del Departamento de Estado sobre trata y prostitución y sus informes de trata anuales están llenos de chocantes pronunciamientos que podrían haber sido escritos por cualquier feminista radical o activista conservador religioso. Ciertamente, la página web cita estudios y declaraciones públicas de prominentes feministas anti-prostitución. La página web proclama atrevidamente que la prostitución “es inherentemente nociva. Pocas actividades son tan brutales y dañinas para la gente como la prostitución”; ésta “deja a las mujeres y a los niños física, mental, emocional y espiritualmente devastados”; la prostitución legal “crea un refugio seguro para los criminales que hacen trata sexual de personas”; y “la prostitución no es la profesión más antigua, sino la forma más antigua de opresión”. HR 2012 es similarmente inequívoca: “Las actividades sexuales comerciales tienen un impacto devastador en la sociedad. El comercio sexual tiene un efecto deshumanizador sobre todo lo que afecta”.
La trata sexual forzada puede ser definida como el uso de fuerza, fraude o engaño para procurar, transportar, albergar y vender personas, dentro de las naciones y entre ellas, con fines de prostitución. Esta definición no se aplica a las personas que voluntariamente viajan en busca de empleo en la industria del sexo, aunque muchos autores incluyen esta forma de emigración en la categoría de trata, a fin de inflar el número de víctimas. En algunas listas, todas las personas indocumentadas que fueron asistidas en tránsito a través de fronteras, fueron contabilizadas como “víctimas de trata”, lo hicieran con su consentimiento o no. Si la prostitución es definida como violencia y opresión, el consentimiento se vuelve irrelevante.
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