martes, 16 de julio de 2013

El estigma de ser mujer, inmigrante y prostituta


 De esta noticia destaco el testimonio de Lucía. Las instituciones públicas son las que ejercen mayor violencia contra las prostitutas. No tenían que haberla despedido y también ha fallado la falta de asesramient jurídico para reclamar su readmisión en el trabajo.


Empezar de cero. Vivir en una ciudad donde nadie sepa quién eres. Hace poco más de seis meses, Lucía –nombre ficticio- decidió establecerse en Alicante para intentar, una vez más, salir de la prostitución. “Cuando vine por primera vez me pareció hermoso y me dije: aquí voy a empezar una nueva vida”, cuenta a Desalambre. Buscó trabajo, empapeló la ciudad de currículums, pero el tiempo pasaba y la oportunidad no acababa de llegar. “Una persona me prometió que me iba ayudar pero cuando se enteró de que era prostituta me dijo que aunque para él yo seguía siendo la misma persona agradable, para el trabajo ya no podía ayudarme porque si se enteraban se iba a armar un escándalo, que no lo iban a entender”, recuerda. Y le tocó, como ella misma dice, con la resignación del desengaño, “volver a lo mismo”. Una vez más.
Más del 90 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución en España son extranjeras y de ellas, el 95 por ciento lo hacen forzadas por las circunstancias, según datos del Instituto Andaluz de la Mujer. “ Nadie está en la calle por gusto, la prostitución es una salida de necesidad. Es la necesidad lo que te lleva a probar, lo ves como una vía fácil pero en realidad no lo es”, sostiene la vicepresidenta de CATS (Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo), Vanesa Vera, quien ha vivido en carne propia el estigma que supone ser inmigrante, prostituta y transexual.
Vanesa salió de Ecuador hace 18 años junto con otras compañeras decidida a continuar, en mejores condiciones, su proceso de cambio de sexo. Viajó por toda Europa, vivió y ejerció la prostitución en distintos países, Holanda, Francia, Italia, Bélgica… y hace 13 años recaló en España donde hoy, desde Murcia, trabaja por el reconocimiento de los derechos laborales de las prostitutas.
“Nosotras [las transexuales] somos un colectivo especialmente rechazado, la gente no nos respeta del todo, los gays y las lesbianas pueden conseguir trabajo en cualquier parte, pero a nosotros prácticamente nos lanzan a la prostitución como forma de conseguir dinero”, explica en conversación telefónica. “Además, se nos están cerrando cada vez más puertas, se están aprobando normas municipales muy estrictas, por ejemplo, aquí en Murcia, próximamente van a aplicar una ley por la que no nos van a dejar prostituirnos en las calles”, añade en referencia a la“Ordenanza para luchar contra la prostitución en el municipio de Murcia”, aprobada el pasado 27 de mayo en Junta de Gobierno, siguiendo la polémica estela marcada por otras ciudades como Barcelona, Málaga, Valencia o Alicante.
Para Fuensanta Gual, presidenta de CATS, este tipo de normativas no son más que una de las múltiples formas de violencia a las que se enfrentan diariamente estas mujeres en España. A la criminalización por parte de los poderes locales se añaden las redadas a clubes y detenciones preventivas, el estigma social, las mafias, la desprotección por parte de las instituciones públicas o las condiciones abusivas en los lugares de trabajo, explicó esta médico de familia el pasado miércoles en Alicante, donde participó en un coloquio organizado por Entrepobles. Por todo ello, desde esta asociación reclaman que se respete en Estatuto de los Trabajadores también para las prostitutas, “simplemente con eso ya sería suficiente, avanzaríamos mucho”, asegura Gual.
Tanto Lucía como Vanesa coinciden a la hora de señalar lo duras que pueden llegar a ser las condiciones de trabajo, especialmente ahora, en un contexto de crisis. “Antes trabajaba en pisos para otras mujeres que se llevaban un 50 por ciento. Tenía que cumplir horarios, no tenía derecho a enfermarme, sólo podía librar cuando a ellas les parecía, nunca un sábado o un domingo y me cansé de eso”, explica Lucía, que ahora ejerce por su cuenta en su propia casa. “Así puedes hacerte los horarios tú misma, sacar tiempo para pasear… Eso sí, no te puedes dar el lujo de dejar de trabajar, porque un día que no trabajas es un día que dejas de ganar. Pero cada vez se hace más difícil... Antes, cuando el trabajo era bueno se hacían un promedio de 20, 25 ó 28 pases diarios, pero ahora… hacer un pase al día, qué problema”.
La situación actual determina que cada vez sea más complicado para esta colombiana de 48 años reunir los 650 euros que envía mensualmente a su país para mantener a su familia. En Bogotá viven su madre y sus dos hijos. “Mi niña está estudiando en la universidad, le quedan dos años para acabar Medicina, y mi niño termina el bachillerato este curso, a veces lloro y me enfermo por las ganas de regresar pero si me voy, ¿de dónde saco para pagar si cada semestre me vale 2.000 euros y allá el sueldo mínimo es de 150?".

El negocio en España

Pese a la crisis, España es el país con mayor número de consumidores de prostitución dentro de la Unión Europea. Un 39 por ciento de los hombres españoles ha pagado por servicios sexuales según la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP). Al no ser una actividad regulada, es difícil encontrar documentos o informes oficiales con carácter regular sobre el mercado de la prostitución en nuestro país. En la propia web de ANELA (la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne) se toman como referencia los datos esgrimidos en el Informe de la Ponencia sobre la Prostitución de la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer de las Cortes Generales, aprobado en 2007. Según este texto, el gasto diario en prostitución en España ronda los 50 millones de euros, más de 18.000 millones de euros al año, un negocio muy lucrativo que reporta a los empresarios del sector unos ingresos de alrededor de 45.000 euros al año por prostituta.
Es cierto que la actual coyuntura económica ha empujado a más mujeres a la calle, también españolas, aunque en un porcentaje mucho menor. " El tipo de prostitución de la mujer española ha estado siempre más oculto, normalmente en sus pisos, una prostitución de más alto standing comparada con las trabajadoras de la calle, a las españolas no se las ve. Pero ahora hay mucha más competencia de pisos y muchas se están viendo obligadas a salir también a las calles", apunta Vanesa.
Lucía asegura conocer a muchas mujeres casadas que solían trabajar como limpiadoras y ahora se prostituyen. “ Es prostituirse y sacar una familia adelante o aguantar hambre”, sentencia. “Precisamente son esas mujeres y las chicas más jóvenes las que están cobrando 10 ó 15 euros por un pase, cómo es posible, eso ya es denigrarse uno demasiado”, lamenta. Para ella, que sigue intentando salir de ese mundo y “llevar una vida normal, no tener que esconderse”, no todo es cuestión de dinero. “Hace dos años conseguí trabajo en un colegio británico, y estaba feliz limpiando baños y ganando por una hora 6 euros cuando antes me sacaba 80, pero cuando fui a firmar el contrato un cliente que trabaja allí me reconoció y le dijo a los de recursos humanos que yo era prostituta, así que me ‘botaron’. Yo no entiendo por qué la gente no lo comprende. Si yo estoy cobrando por una hora 80 euros y prefiero ganar 6 es porque quiero salirme, quiero superarme y, además, ese hombre era cliente y era él quien me buscaba a mí, entonces, ¿quién es más culpable, él o yo?”.

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