viernes, 12 de junio de 2015

Prostitución no es sinónimo de trata.

 Foto de AMMAR, asociación de meretrices de Argentina


Aunque no sea creible, somos muchas, muchas más las mujeres que ejercemos la prostitución, como estrategia de supervivencia, auqnue sea en condiciones duras, nos compensa porque podemos ganar mucho más dinero que en otros trabajos mal pagados y precarios, eso no es trata. Trabajar en un prostíbulo en condiciones duras, compensa más que trabajar en otras fábricas, eso no es trata.y además hay situaciones de explotación porque no se reconoce que ejercer la prostitución es, para nosotras trabajo. Todo lo duro que queráis, pero trabajo.

Trabajo sexual es trabajo.

Ser migrante y ejercer la prostitución en un prostíbulo, aunque duro, no quiere decir que se esté en situación de esclavitud.

Ejercer la prostitución, no es lo peor que le puede suceder a una mujer. Hay millones de situaciones en otros contextos que son mucho peores y sí que son esclavitu, como en el contexto de la institución del matrimonio, donde muchas, muchas más mujeres etán sufriendo violencia, por parte de su pareja, dónde muchas mujeres son asesinadas.

Un testimonio entre muchos otros.

"YO ERA TAN BONITA o la vida con el malamor.
Hoy, una vez más, me he emocionado. Hoy, otro día más, me han contado una historia de vida de las que nutren las páginas de muchos libros en las estanterías de las tiendas y las camas de nuestros barrios cercanos.
Ella viene en silla de ruedas.
Ella tiene 70 años, ella es hemipléjica y diabética. Ella tiene otros graves problemas de salud.
El empuja la silla detrás, silencioso y con un cansancio oceánico del color de sus ojos.
Al entrar en el despacho observo que ella me hace gestos con la cara mientras él habla acerca de una nimiedad burocrática. Algo me mueve a reaccionar preguntándole si quiere estar a solas conmigo en el despacho; asiente con la cabeza y le pido a él que salga.
Cuando estamos las dos me dice: "no puedo más, no lo soporto". Y me explica con palabras entrecortadas por su dificultad en hablar lo siguiente:
"Yo tenía catorce años. Era muy bonita y muy inteligente. El era de mi pueblo y a mi no me gustaba nada, pero insistía mucho. Mucho.
Me decía que me quería tanto que si yo no me casaba con él, se mataría. Mi madre y las vecinas me animaban a que formara una familia con él, pero yo quería estudiar.
Así estuvimos siete años. Siete años en los que no me tocó ni un pelo (aquí enfatiza mucho), pero no por nada, sino porque a mi no me gustaba.
Tanto insistió que empecé a verle guapo y no mal hombre, pero nunca estuve enamorada. Empecé magisterio y me dejé convencer para abandonar la carrera y casarme, con la promesa de continuar después de casada. Eso nunca pasó.
Tardamos en tener hijos porque yo no quería tener intimidad con él, así te lo digo, me comenta. No quería que me pusiera la mano encima.
Hemos tenido una vida llena de discusiones y peleas. El me buscaba y yo no quería; él me guarda rencor y me suelta cosas horribles porque dice que yo nunca he mirado por él.
Y ahora, María, tengo 70 años, no me puedo valer, tengo una pensión de 389 euros y no quiero estar con él.
Y yo le digo con énfasis: ¿y usted qué quiere?¿ qué quiere hacer con su vida?
Yo, morirme.
Solamente morirme. He perdido mi vida y aunque tengo dos hijos a los que quiero mucho y temo su reacción, no deseo vivir.

Me acerco a ella y le digo que no puedo ayudarla a morirse mientras le acaricio el brazo y le doy un kleneex. Y me dice entonces, entre hipidos, ¿puedes ayudarme a separarme? No quiero verle más ni que me toque. Sé que él no me va a dejar que me vaya.
Al salir con ella de la sala donde la atiendo, entra su marido con cara de miedo y desconcierto. Tiene los brazos apretados en el pecho y mucha rigidez en el cuerpo.
Le digo que se siente y le pongo al tanto de la situación con mucho tacto.
Me mira con los ojos azules muy abiertos y me dice:
- Ya sé que ella se quiere ir.
- Yo lo único que quiero es que ella me quiera. Y mi pena es que me voy a morir sin que pase.
Trago saliva. Cierro la puerta del despacho. "


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