miércoles, 31 de julio de 2013

Cooperativa argentina de trabajo sexual

Otro ejemplo de como las trabajadoras sexuales, las prostitutas se organizan para poder ejercer su trabajo en las mejores condiciones posibles, sobre todo para no depender de terceras personas. Son miles los ejemplos de que demuestran que ofrecer sexo a cambio de dinero es considerado trabajo para muchas personas, lejos de los argumentos que se empeñan una y mil veces en decir que ninguna mujer quiere ser puta.


 http://www.elciudadanoweb.com/una-cooperativa-que-une-a-43-trabajadoras-sexuales/

Por Laura Hintze.- Alquilan tres casas, se cuidan entre ellas y hasta logran mantener a dos mujeres muy enfermas.
10 jul, 2013 cooperativadentro
Tres mujeres están paradas en la puerta de una casa. Llevan puesto jean, pullover; tienen la cara apenas maquillada con un poco de rubor y sombra en los ojos. Frente a ellas pasa caminando otra mujer con dos niños y se saludan amistosamente. Luego se acerca un chico, claramente borracho, y lo echan a los gritos: “Ya te dijimos que acá no podes estar”. El joven se va, balbuceando algo así como “ya sé chicas, vine a cuidarlas, ya saben que no les voy a hacer nada”, pero ellas, mientras lo ven irse, lo ignoran y siguen en la suya. Las tres mujeres son trabajadoras sexuales. Esa puerta frente a la cual están paradas es la de una casa de fachada verde, que alquilan junto a cuarenta chicas más, con quienes están organizadas en forma cooperativa para que su plata quede para ellas, para cuidarse entre sí, como las trabajadoras independientes que buscan ser.
Es martes, feriado, lluvioso. Norma atiende el teléfono y acepta dar una entrevista en ese momento, pero advierte que está cuidando a su hijita. No importa: aunque de vez en cuando se escucha a la nena hablar un idioma suyo, del que sólo se entiende la palabra “mamá”, su presencia del otro lado del teléfono no es impedimento para charlar. Norma es una de las integrantes de la cooperativa, y en el marco de los últimos debates que se han dado en la ciudad, decidió hablar en nombre de ella y sus compañeras acerca de la alternativa que encontraron para trabajar de manera independiente.
“Esto es para tener dónde trabajar, porque en boliches o departamentos tenemos que dejar un porcentaje, cerca del 50 por ciento de nuestra ganancia. Lo que nosotras queremos es ser independientes”, explicó Norma. Son 43 mujeres, de las cuales la más chica ronda los 31 años. Hace dos años que están organizadas en cooperativa. Este grupo de mujeres tiene tres casas alquiladas que, divididas en distintos turnos –a fin de hasta poder darse días francos–, usan para trabajar. Entre todas pagan los alquileres, los impuestos; compran garrafas, se encargan de la higiene y se turnan para llevar las sábanas a la lavandería.
Este grupo, como todo grupo humano y cooperativo, no sólo se basa en facilitarse el trabajo, sino que crea lazos de compañerismo y solidaridad. Al momento en que se escribe esta nota, dos chicas de la cooperativa están muy enfermas y sus compañeras las mantienen. “Una de ellas es de afuera y tiene cáncer. Nosotras la ayudamos, la mantenemos entre todas. Este domingo hicimos una peña con bingo y comida para pagarle los pasajes a sus hijos y que la visiten y también para pagarle los medicamentos”, contó Norma.
Un tema no menor en lo que a la prostitución se refiere es el de la seguridad. ¿Cómo se cuidan de la calle las mujeres, más aún aquellas que no tienen ningún hombre detrás que las esté “protegiendo”? Norma dijo que ellas se cuidan entre ellas, que nunca tuvieron problemas de seguridad, salvo uno que otro arrebato. “El peligro está siempre, pero lo manejamos. Muchas personas nos han ofrecido cuidarnos, pero no podemos pagar un sueldo más, entonces nos cuidamos mutuamente”.
En busca de drogas y menores de edad, la cooperativa fue allanada cuatro veces. “Nos allanan y no encuentran nada. Entonces nos clausuran como si el nuestro fuera un local,  por falta de matafuegos o de baranda en una escalera. Nosotras volvemos a abrir, porque el nuestro no es un local, es una casa. Y si llegan a clausurarnos nos vamos a trabajar a la puerta de los cabarets que siguen abiertos”. Norma explicó que siempre que fueron citadas por la Justicia, dijeron la verdad: que alquilan las casas, que las pagan entre todas, que las usan para trabajar tranquilas. Y agregó, exclamando: “¡Si vieras la cantidad de chiquitas que hay en la calle! Hay muchas menores trabajando en la calle. Las pibas que trabajan son muchas. A veces se nos acercan, pero nosotras las corremos de la zona”.
Si la cooperativa de trabajadoras sexuales, si los miles de privados o el oficio de la prostitución está en boca de todos, es porque hace semanas en Rosario se discute sobre la prohibición para habilitar más cabarets y whiskerías de los actuales, aprobada el jueves pasado por el Concejo Municipal. Norma, que también es miembro de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar), opinó que tanto prohibiendo los cabarets como penalizando al cliente,  no se van a terminar ni la trata, ni la explotación ni el proxenetismo. “Hay que entender que el trabajo sexual no es sinónimo de trata o de explotación. Con esto se perjudica a las chicas. ¿A dónde van a ir a trabajar?”. Y agregó que ellas pudieron reunirse con la concejala María Eugenia Schmuck, con quienes coincidieron en estar unidas en la lucha contra la trata y el proxenetismo. “Ella nos prometió que no nos iban a sacar nuestro lugar de trabajo. Por ahora nadie nos dijo nada. Nosotras esperamos que cumplan”.

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