sábado, 3 de agosto de 2013

La prostitución y sus metáforas, el caso de Tracy Connelly


http://bit.ly/18Ouj3Z


La trabajadora sexual de Melbourne Tracy Connelly fue brutalmente asesinada en su furgoneta la pasada semana. En lo que es una triste ironía, Connelly fue asesinada a pocos metros del lugar donde lxs trabajadorxs sexuales y sus aliadxs se manifestaron en apoyo de una campaña global organizada para llamar la atención sobre la violencia contra las trabajadoras sexuales tan sólo un día antes.
En comparación con la cobertura que dieron los medios  al asesinato de la compañera mujer de Melbourne Jill Meagher el año pasado, el silencio que los medios dedicaron a Tracy Connelly fue ensordecedor para aquellos interesados no sólo en la violencia contra las mujeres, sino también en la violencia contra las trabajadoras sexuales.
Tracy Connelly, la mujer que está tras los titulares, tenia el amor y el apoyo de su comunidad y de su compañero de hacía muchos años. Esto ha sido elocuentemente analizado y comparado con la cobertura que se dio a Jill Meagher por Jane Gilmore en The King’s Tribune. Otra cuestión necesita, sin embargo, ser respondida: ¿cuáles son los efectos y las razones de que una mujer sea descrita como “prostituta” cuando se informa del horrible fin de su vida?
El sexo, y por extensión el sexo por dinero, se fusiona con la noción de la propia identidad. Nuestra identidad sexual se convierte para los demás en un significante de quiénes somos, y en en el caso de Tracy Connelly, quien fue en su muerte. Los dos periódicos principales de Victoria, The Age y el Herald Sun, identificaron a Connelly como una prostituta en sus titulares. Ambos artículos hablaban del peligro inherente a su trabajo, incluyendo su comprensión de este peligro, y también su preferencia por no trabajar en el trabajo sexual.
Identificar a las víctimas de crímenes violentos como “prostitutas” tiene un efecto distanciador: hace que las mujeres “normales” se sientan seguras. Este binario chica buena/chica mala interactúa con el binario hombre normal/cliente para crear circunstancias “extraordinarias” en cuyo seno puede ocurrir esta violencia. Podría decirse que cuando las mujeres “buenas” son asesinadas por hombres se crea una amenaza contra todas las mujeres y ya no son relevantes el lugar donde trabaje una mujer o las actividades sexuales fuera de la norma que realice.
Referirse en los medios a las trabajadoras sexuales como “prostitutas” no es nuevo, pero es un aleccionador recordatorio de cuán generalizadas están las visiones negativas del trabajo sexual y de las trabajadoras sexuales. Estas visiones se originan en varias áreas “expertas” de conocimiento, incluyendo la psicología, la medicina, la sexología, la doctrina religiosa y diversos puntos de vista feministas, a través de las cuales las trabajadoras sexuales son catalogadas como sucias, enfermas, pecadoras, descarriadas y víctimas.
El término “prostitutx” no significa sólo una persona que vende su trabajo sexual (aunque raramente se usa para denominar a los hombres que hacen trabajo sexual), sino que lleva con él capas de “conocimiento” acerca de su valor, su relación con las drogas, su infancia, su integridad, su higiene personal y su salud sexual. Cuando los medios se refieren a una mujer como una prostituta, o cuando una historia tal permanece en el ciclo de noticias por tan sólo un día, no es algo aislado, sino que está en el contexto de esta compleja historia.
Este estigma es de largo alcance y podría decirse que hace más daño a las mujeres que hacen trabajo sexual que el trabajo mismo. Este estigma se alimenta de las ideas de mujeres que están apoyando la violencia y que, al referirse a las víctimas de la violencia como “prostitutas”,  siguen considerándolas como “otras” mujeres que, de alguna forma, se lo merecían: conocían el peligro. Más aún, se alimenta de actitudes de apoyo a la violencia contra todas las mujeres.
Aunque el cambio de tan arraigadas ideas acerca del género  y el trabajo sexual es lento, algo se está moviendo en ese campo. Muchos activistas y grupos de presión están trabajando en contra de que las trabajadoras sexuales sean presentadas de forma tan negativa y a favor de que sus derechos sean considerados derechos humanos, así como creando iniciativas saludables que buscan cambiar los estereotipos negativos acerca de mujeres y hombres en general que promueven la violencia.
Las formas en las que las trabajadoras sexuales son retratadas en los medios también están cambiando. Sin embargo, la reducción de la humanidad de Tracy Connelly a la de solamente una “prostituta” nos recuerda que todavía hay mucho camino por andar.

Fuente:  http://elestantedelaciti.wordpress.com/


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