martes, 15 de enero de 2013

"Nadie me metió a puta, nadie me saca"

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por
Eladio Ruano Sánchez

A los trabajadores sociales nos interesan las historias de vida, quizá por eso nos dedicamos a este oficio a veces ingrato. Yo me siento absolutamente feliz cuando veo que alguien que no me conoce de nada abre su alma para mí. Disfruto de sus gestos, de sus palabras, de sus lamentos, de sus lágrimas, de sus deseos, a veces también me regalan sonrisas. Pero sobre todo me ponen en bandeja de plata su vida, sabiendo que yo quizá la pueda juzgar o cuestionar. Puede que intuyan que no lo haré, porque cada persona vive su vida como quiere y yo lo único que debo hacer es acompañarles y orientarles en ese proceso.

Hoy tengo entre mis manos un relato vibrante, humano, apasionante, directo. Servido en bandeja de plata. Se trata del libro “Una Mala Mujer” de Montse Neira.
Nunca la tuve en mi despacho, no la he mirado a los ojos, no me ha contado nada personalmente y sin embargo, su historia me ha emocionado tanto como cualquiera de las que oigo cuando ejerzo mi profesión.
Supongo que ha sido así porque el libro es verdad: pura y dura verdad. Una realidad, la suya, contada en primera persona y sin miedo, como un salto al vacío sin red. Una mujer que lleva muchos años ejerciendo la prostitución y que ha decidido esta vez sí, ser una mujer pública.
” Una mala mujer no es una mala persona. Soy una mala mujer porque todavía está muy vigente el estigma de la puta, los dos modelos antágonicos de la mujer santa vs la mujer puta. A las mujeres se nos sigue juzgando por cómo vamos vestidas y por tener sexo fuera de las normas sociales aceptadas.”
El libro “Una mala mujer” nos ofrece un pase por las distintas etapas de la vida de Montse: Una infancia pobre e infeliz, una violación a los 12 años, un padre alcohólico, el colegio, los abuelos del pueblo, desde Ourense a Barcelona,los trabajos varios,  desengaños amorosos y trabajos precarios en un mercado, una serigrafía, una oficina y en un estudio de música. Un matrimonio fracasado, el  paro. Un anuncio en un periódico.  Un piso de citas. La decisión de prostituirse, las ilusiones, los enamoramientos y los desamores, las frustraciones y las sorpresas, la valentía y el  miedo, la pobreza y  la prosperidad … Nos muestra, en fin, la experiencia vital de una mujer que no pretende erigirse ni en modelo ni en norma. Una mujer que quiere sino dar a conocer  su  experiencia (la suya)  para contarnos que detrás de muchas mujeres que se prostituyen hay una decisión consciente y meditada. Y una situación alegal,  en una exclusión legal que les impide ser sujetos de derechos.
Imagino que no ha sido tarea fácil porque el estigma de puta pesa mucho, y sólo alguien muy valiente puede cargar con esa mochila para siempre en la sociedad de la doble moral. Claro que estar toda la vida escondiéndose también tiene que ser muy duro, como para volverse loca.
Admiro profundamente a todas esas personas que no hacen las cosas por su único interés personal, que hacen de su vida un camino de compromiso ético, social, político. Pienso que Montse es una de esas personas, que ha decidido dejar de ser invisible para reivindicar que es una mala mujer. Con su testimonio puede ayudar a mucha gente, por eso me gusta que no deje de luchar por los derechos de quienes desde siempre han sido lo contrario a la buena hija, la buena hermana, la buena esposa, la buena madre, por los derechos de aquellas que no se dejan someter. Las malas mujeres son las que comercializan con su sexualidad, por eso las llaman traidoras del género, porque son libres. Y aquí tenemos a una de ellas dando la cara por las que no saben, no pueden o no quieren hacerlo.

Para abrir boca quiero contar una anécdota, algo que ella relata en su libro y que me impresionó tanto que me motivó a contactar con Montse. Cuenta que habiendo ya cumplido cuarenta años y pensando en su futuro decide ponerse a estudiar. Necesita, sin embargo, que alguien la oriente y tiene la genial idea de acudir a los Servicios Sociales de su Ayuntamiento. Le cuenta su historia a la trabajadora social y esta fantástica profesional de la intervención social (nótese la ironía) en lugar de confiar en sus posibilidades le aconseja dejar la prostitución y ponerse a fregar.
 En el modelo de sociedad que vivimos la prostitución está en la base misma de la estabilidad social no hay ni educación sexual ni afectiva y porque estamos en un mundo en el que para beber agua y comer tenemos que pagar; para que dejara de existir la prostitución, intercambiar sexo/afecto por dinero,  tendrías que empezar desde cero en muchas cosas”
Amo mi profesión, me genera tantas decepciones como satisfacciones pero a pesar de ello, sé que lo hago por vocación. Confío en las potencialidades de la gente, otra cosa no tendría sentido. Me gustaría pensar que hay pocos profesionales en Servicios Sociales como la mujer de la anécdota. Bravo por Montse, bravo por la mala mujer que decidió abrirse camino y hoy es licenciada en Ciencias Políticas sin haber dejado de ejercer la prostitución. Porque le da la gana.
Desde que se licenció en Ciencias Políticas, Neira simultanea su trabajo sexual con un activismo social y político. Activismo a favor de las prostitutas que trabajan en la calle o en peores condiciones que ella.
Montse es una mujer generosa que me ha autorizado a que hable de su libro y de su experiencia. Ella también es una bloguera muy activa con mucho que decir y que compartir. Os animo a visitar el enlace de su blog
Mi experiencia con prostitutas no se limita a lo que he leído. Durante dos años trabajé en el Comité Antisida de Zamora coordinando junto a mi compañera Rebeca un programa de atención a mujeres prostitutas en el que trabajábamos principalmente temas de salud y prevención. Actualmente sólo de forma ocasional las atiendo en el Centro de Servicios Sociales Básicos donde trabajo y me cuentan su forma de vida muy de perfil, pero disfruté aquellos años de intervenciones en clubs que se llegaron a convertir casi en mi medio natural, donde podía vivir las experiencias más enriquecedoras. Fue una etapa de aprendizaje junto a mi compañera: el descubrimiento de la desigualdad social y de género que lleva a tantas mujeres a ejercer la prostitución.
Unas te contaban que estaban solas y tenían que mantener a sus hijos o a sus familias, otras que no habían sido capaces de encontrar medios alternativos para ganarse vida, las más que era una forma de obtener dinero rápido y que lo dejarían pronto, demasiadas extranjeras habían llegado a España con una deuda importante y debían pagarla aunque la deuda parecía no agotarse nunca. Muchas no eran felices con esta forma de vida pues además de las dificultades propias de la actividad se veían obligadas a inventar otra vida que contarle a la familia, a los hijos o incluso a su marido,.
Pero recuerdo especialmente una conversación sobre la posibilidad de enamorarse de un hombre que las “rescatase” de esa vida y una de ellas nos dijo rotunda: “a mi nadie me metió a puta y nadie me saca de puta”. Pienso que era una mujer libre que había encontrado en el comercio sexual su independencia personal. Hoy me encantaría saber qué ha sido de ella. Hoy me gustaría saber si alguna de las muchas mujeres que conocí en los clubs de alterne ha logrado cumplir sus sueños, porque no he conocido nunca mujeres más soñadoras que ellas.
No más agresiones, no más muertes, no más mujeres forzadas. Yo quiero mujeres libres que hagan con su sexo lo que les dé la gana.

Ah… os voy a contar un secreto:
¡Yo no creo que Montse sea una mala mujer!

Eladio Ruano Sánchez. Trabajador Social. Salamanca.
Ninguna institución pública española maneja cifras cerradas del número de mujeres prostituidas que existen en España.
A lo sumo, el Instituto Nacional de Estadística apunta que el 6,7% de la población masculina de entre 18 y 49 años mantuvo relaciones con una mujer prostituida en los 12 meses previos a ser planteada la pregunta.
La Asociación Nacional de Empresarios de Alterne, que defiende la regularización de la prostitución, da la cifra de 400.000 mujeres prostituidas.
El Instituto Europeo para la Prevención del Crimen intentó cuantificar el problema en los países comunitarios y estima el número de prostitutas en España entre 45.000 y 300.000, de las que, el 60% serían extranjeras.

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