lunes, 4 de marzo de 2013

El tremendismo de la vida. Artículo opinión Sergio Farras

http://blogs-lectores.lavanguardia.com/el-tremendismo-de-la-vida/?p=147

El hombre masculino y viril, que es criatura instintiva por naturaleza, independientemente de su cuna y condición,  con esto del Congreso mundial de la telefonía móvil (MWC) que se celebró en Barcelona, se movió como pez en el agua, tanto de día como de noche. Viviendo en sus carnes eso a  lo que suelen llamar: Carpe Diem.
Esto de las ferias suele dejar buenos cuartos en las arcas públicas y también en todo tipo de negocios, sobre todo en los del buen manducar; hoteles y restaurantes. Y de los nightgs  clubs y locales liberales llenos de señoritas que te hablan de “tú”,  y te dejan tocar ‘muslamen’ para coger confianza, para luego acabar poniendo los deditos en otras teclas más sedosas y sensuales que las un frío iPad o aparente Smartphone. Porque después de cerrar negocios y tratos comerciales de lo más aparente, se conoce que merece celebración a la altura del negocio concertado. Pero todo esto, está envuelto en una ambigua hipocresía y disimulo fingido. Y hasta lo han llegado a llamar: turismo sexual de ferias y congresos.
El viejo debate de la prostitución, o escorts, (discúlpenme el anglicismo) va tirando del carro de la tolerancia medio escondida, dispensada al cliente potencial de una aceptación un tanto déspota y de hacer la vista gorda en según qué casos. Porque no es lo mismo, llamar la atención a un chaval  de botellón sin un euro en el bolsillo,  que a un ejecutivo bien trajeado con la tarjeta bien embutida y de lustroso crédito buscando otro tipo de escaparates que no son los feriantes, sino de la mermelada que se desea saborear en las sinuosas noches más canallas.
Intentar verlo al contrario, con la prostitución y la diversión sólo como “complemento” a la actividad empresarial es ser bastante inocente. Pero como este tipo de clientela dejan buenos euros, serán tratados como eruditos turistas. La lástima, es qué, a esa hora de la noche, los museos están cerrados, sino se prevería un lleno absoluto. ¡Es una lástima! Las grandes metrópolis con sus normas de convivencia y sus regulaciones de andar por casa, van  quitando de en medio a la prostituta callejera y marginal,  que recita poesías de Neruda de tanto en cuanto para anular su pena. Mientras, los clientes y parroquianos aficionados a los clubs y lugares de peregrinación en salas eróticas y espectáculos con opción a sexo remunerado y trueque de: “cambio polvo por brillo”, van deambulando las noches de la ciudad. ¡Pero cuidado! Que la mayoría del dinero que mueve la prostitución es en el famoso estado de: “B”.
Los flyers, -hojas de propaganda entregadas en mano- se reparten por las inmediaciones de las ferias como indicando un sólo y único camino: “el del placer y la lujuria a su alcance por algunos euros”. Pero se ve, que la crisis también afecta al sector de la “compañía remunerada”. Y el colmo de los colmos, es qué;  el sexo de pago, se suma a una de tantas aplicaciones en el teléfono móvil. Una nueva aplicación ofrece una guía de prostitutas de alto stánding geolocalizadas y todo. Si es lo que servidor dice: la miseria no es saludable. Y que el hombre acaba convirtiéndose en un lobo para el propio hombre. (Esto ya lo decía Plauto, en una cita del texto “Asinaria”)
Mientras, la política de tolerancia cero a la prostitución queda tan lejos como enquistadas en las poco efectivas normativas de convivencia. Porque el cinismo que envuelve a la sociedad es el disimulo de las almas instintivas y cachondas, que probablemente,  les da igual las bandas organizadas de proxenetas y de delincuencia internacional, que campan medio a sus anchas por nuestros lares peninsulares. Una penosa y mala visión política hacen que todo esto se vea muy confuso, muy revuelto. Y uno, como ciudadano, no sabe si al final el político, esto de la prostitución lo tolera según sus intereses y de adornos de disimulo para los más solventes y acomodados visitantes.
Vivir en Carpe Diem dicen algunos, (vive el momento) frase acuñada por el poeta romano Horacio. La gente va un tanto desorientada con esto de lo qué van oyendo y leyendo por ahí. Porque de los tópicos y de las frases elocuentes, al final  siempre cogemos la parte que más nos interesa. Y éste tópico del Carpe Diem, durante el periodo de la Edad Media, era entendido cómo: “vive el momento porque vas a morir pronto”. ¡Hay criaturas excesivamente exageradas!
Sergio Farras, escritor tremendista.

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