sábado, 23 de marzo de 2013

ENTREVISTA a Angelina, presidenta del sindicato de prostitutas suizo STTS, de Sergi Ribas Díaz y Eva Pérez

ENTREVISTA a Angelina, presidenta del sindicato de prostitutas suizo  STTS, de Sergi Ribas Díaz y Eva Pérez

- ¿Cómo y cuándo nace la idea de constituir un sindicato?
Lo que me empujó a hacer realidad de este sueño fue la proposición del UDC, un partido de extrema derecha aquí, en Suiza, que pedía que sacaran a las prostitutas de las calles porque estaban al lado de las escuelas, algo que no era cierto. Acudí al Gran Consejo de Ginebra para hablar de nuestra situación y decir que era absolutamente falso lo que afirmaba UDC, que podían venir a comprobarlo ellos mismos. Así nació el Sindicato. Todas las chicas nos organizamos y pedimos ayuda a sindicatos de Francia, que tienen ya una larga carrera.
- ¿Qué respuesta esperáis o ya estáis obteniendo por parte de la sociedad?
Estamos obteniendo respuestas desde varios sectores, nos invitan a muchas conferencias como sindicato. Otros sindicatos nos han felicitado y el sector politico creen que somos un interlocutor válido para hablar de la prostitución. Hablamos en nombre de las prostitutas. Y eso es un gran reconocimiento social.
- ¿Qué utilidad puede tener el sindicato para las prostitutas sindicadas?
El hecho de hablar todas con una sola voz; que podamos mejorar nuestras condiciones de trabajo, esa la idea. Que cada prostituta se sienta bien en su trabajo. Que tenga un reconocimiento social como prestataria de servicios sexuales.
No tengo experiencia con otros sindicatos, no sé cómo los tratan. Me imagino que de manera mucho más oficial. Estamos en contacto permanente con la Brigade des Moeurs (la policía que se encarga de la prostitutas). Siempre están disponibles, nos han felicitado calurosamente por el hecho de haber creado un sindicato; los políticos también nos han dado su apoyo. En fin, hay muy buena comunicación.
 - Supongo que, como colectivo, intentáis manifestar vuestras quejas e inquietudes a las autoridades. ¿Cómo son atendidas vuestras demandas? ¿Crees que un sindicato de otro oficio es tratado de la misma forma?
No tengo experiencia con otros sindicatos, no sé cómo los tratan. Me imagino que de manera mucho más oficial. Estamos en contacto permanente con la Brigade des Moeurs (la policía que se encarga de la prostitutas). Siempre están disponibles, nos han felicitado calurosamente por el hecho de haber creado un sindicato; los políticos también nos han dado su apoyo. En fin, hay muy buena comunicación.
- ¿Cuáles son las condiciones actuales de la prostitución en Suiza? ¿Hay protección legislativa? ¿Cómo está vista socialmente?
Creo que, socialmente, se ve como un estigma existente en todas las sociedades occidentales y que no va a desaparecer por el hecho de que haya un sindicato. La prostitución es mucho más difícil de erradicar que cualquier otra cosa. Jurídicamente, es un trabajo legal. Un trabajo considerado como independiente. Nosotras tenemos un certificado de salario que nos permite de pagar impuestos, pagar una pensión para la vejez, además de todos los seguros sociales, como cualquier trabajador independiente. Si una prostituta tiene un problema aquí, puede llevarlo a los tribunales, puede llamarla la policía, que se defiendan sus derechos. Me parece una situación óptima, aunque eso no excluye que siga habiendo problemas. Hay gente que se aprovecha de la situación de las prostitutas y les cobran alquileres muy elevados, etc.
- ¿Qué diferencia existe entre Aspasie y el sindicato? ¿La gente de Aspasie participa en el Sindicato?
Aspasie ha colaborado mucho con nosotras, siempre nos apoyan. Es una asociación para los derechos de las prostitutas; no es una asociación de prostitutas. Esa pequeña proposición lo cambia todo. Los trabajadores Aspasie son asistentes sociales, empleados pagados por el gobierno. Y nuestro sindicato está formado por mujeres que nos organizamos para defender nuestros derechos.
- En un momento social en el que, al menos en España, los sindicatos empiezan a ser criticados incluso por la izquierda política y también empiezan a perder fuerza como representantes de la sociedad, ya son considerados vestigios de la época industrial y de movimientos obreros, ¿créeis que sigue siendo la mejor arma de negociación con el Gobierno?
La cuestión del “nombre”, sindicato o sindicalismo, es muy complicada. Es verdad que, como “independientes“, no tenemos un “jefe específico” contra el que luchar. Lo que nosotras queremos es que nuestras condiciones de trabajo sean óptimas, dignas de un país civilizado como Suiza. Creo debemos seguir llamándonos sindicato, porque en Suiza la percepción del sindicalismo es muy diferente de la que hay en España o Francia. Nosotras no podemos dejar de ser un sindicato y pasar a ser un colectivo o una asociación porque perderíamos credibilidad. Que seamos un sindicato significa que todas nuestras asociadas perseguimos los mismos objetivos, que aceptamos los estatutos y que luchamos por las mismas cosas.
 - ¿Antes del sindicato, formabais algún tipo de colectivo para negociar, aunque fuera entre vosotras, vuestras condiciones laborales?
No. Solo existía Aspasie, que hablaba en nuestro nombre, aunque en ocasiones ni siquiera nos consultaban.
- ¿Cómo han sido las negociaciones para la constitución del sindicato? Hay colectivos de prostitutas que se hayan quedado fuera por diferencias de ideas?
No ha habido negociaciones. Antes de nuestra llegada, las prostitutas nunca se habían organizado aquí, en Ginebra, ni en Suiza. A veces, nos resulta difícil comunicarnos con las personas que trabajan en los salones. Cuando llamamos están ocupadas, o no están, etc. Pero son todas bienvenidas.
- Las chicas que trabajan por cuenta ajena, por ejemplo en locales de alterne, ¿han podido sindicarse también o su situación es más difícil?
Es más complicado porque hay muchos problemas de comunicación. Muchas chicas que pasan por Aspasie solicitando información, luego vienen al sindicato, pero necesitamos tener una comunicación más directa con ellas. Tenemos que mejorar la forma de comunicarnos mejor con ellas.
-Para luchar contra lo que llamáis competencia desleal, os enfrentáis a las mafias y las redes de explotación. ¿Hay alguna posibilidad de que las autoridades se decidan a combatir estas mafias de forma real y efectiva?
En Suiza, cada cantón tiene su propia ley de prostitución. Así que, en cada uno, la situación es muy distinta. La trata de blancas y la competencia desleal son dos cosas diferentes. Las redes mafiosas trafican con personas y pueden imponer precios bajos, pero no es eso lo que nosotras consideramos competencia desleal. En Suiza, el proxenetismo, la explotación de personas obligadas a ejercer la prostitución es un delito. Nosotras podemos llamar a la policía cuando descubrimos que hay chicas que están siendo explotadas. La intervención de las fuerzas del orden es de gran ayuda en estos casos. Cuando hablamos de competencia desleal, nos referimos a chicas que trabajan por 30 euros, porque creen que es muchísimo dinero pero aquí, en Suiza, esa cantidad es una miseria. Ofrecer el mismo servicio que nosotras realizamos por un precio tan bajo es competencia desleal. Nosotros insistimos a las chicas que se ponen en contacto con nuestro sindicato a que establezcan un precio estándar. Sobre todo por ellas. El mercado existe, está establecido y no deberían trabajar por menos dinero, tienen que respetar a sus compañeras.
- ¿Crees que se confunde permanentemente la trata, las mafias con prostitución voluntaria?
Si, es verdad. Hay mucha gente que cree que todas las prostitutas son víctimas y no entienden que hay personas que eligen voluntariamente esta profesión. Necesitamos que comprendan que nosotras podemos ser un elemento muy importante en la lucha contra la trata de seres humanos porque sabemos cuál es la situación, vemos lo que pasa y además podemos denunciarlo a la policía.
 ¿Esto se hace de forma voluntaria por parte de las instituciones? ¿Con qué fin? ¿Puede ser que se utilice la trata por parte de las autoridades y la prensa para así poder englobar a todas las profesionales y hacer leyes más restrictivas con la excusa de los derechos humanos?
 El argumento preferido de las feministas extremas es afirmar que somos todas víctimas y necesitamos ser salvadas. Sobre todos los católicos, que tienen siempre un mensaje de salvacion. No son capaces de entender que uno puede elegir libremente esta profesión. Pero hay una gran diferencia entre un trabajo elegido voluntariamente, con todas sus consecuencias, y la trata de blancas, las mafias que obligan a las personas a prostituirse.
- Siendo la competencia desleal algo más estructural que exclusivo de la profesión, ¿creéis que es posible encontrar una solución que no perjudique a nadie?
Siempre ha habido competencia desleal en la prostitución. Por cada chica que cobre una tarifa específica, seguramente haya dos chicas que trabajen por un 10 % menos. Eso siempre ha exisitido. No podemos obligar a nadie a aceptar una tarifa, sobre todo nosotras, que somos autónomas. Cada una hace lo que quiere con su cuerpo. Lo ideal sería convencer a las propias mujeres de las ventajas de tener un precio fijo para todas. Pero no podemos obligarlas, ni institucional ni estructuralmente porque somos independientes.
- ¿Hay clases sociales dentro de la prostitución? Explícame brevemente cómo son.
Clases sociales. Oh, la, la. (risas). Digamos que existen varias formas de ejercer la prostitución. En la calle, en clubes, hay chicas que son “escorts” y otras que, aunque aceptan dinero por acostarse con hombres, no se consideran prostitutas, a pesar de que lo sean. Me parece absurdo hablar de clases sociales dentro de la prostitución porque, al fin y al cabo, todas hacemos el mismo trabajo; la escort, la que acompaña al embajador, la que trabaja en una esquina, el trabajo es el mismo. Es absurdo hablar de clases sociales.
 - El periódico Tribune de Geneve publicó que esperabais más gente el día de la constitución del sindicato. ¿Puede ser un problema para el sindicato el miedo de algunas trabajadoras a ser descubiertas como prostitutas? En ese caso, ¿cómo se puede evitar?
La tribuna de Ginebra no ha publicado eso. El día de la constitución del sindicato acudieron unas 80 personas, no me parece que eso sea poca gente. Además, no acudieron muchas chicas que ya habían participado en reuniones precedentes, que habían firmado y que apoyaban el sindicato. El miedo a ser descubiertas es ilógico porque la inscripción al sindicato es anónima. Nadie tiene acceso a nuestros archivos, ni los clientes, ni la policía o los gerentes de los salones de alterne. Son absolutamente confidenciales.
- ¿Cuál es el debate acerca de la ley de la prostitución y las zonas donde ejercer? Y explicadme el problema de los alquileres.
En Ginebra, hay personas que alquilan un piso de, por ejemplo, dos habitaciones, lo transforman en un piso de cuatro habitaciones y alquilan cada una a una chica diferente a precios altísimos. Es un dinero que no declaran. Estas chicas están totalmente desprotegidas, ni siquiera tienen facturas del alquiler que pagan. Nosotras queremos que el lugar de trabajo sea digno, que haya una cocina, que haya un cuarto de baño. Que tengan todo lo necesario para trabajar. Actualmente, se trabaja en habitaciones muy pequeñas y eso crea problemas de higiene. Problemas de seguridad. Si una chica tiene un problema y tiene que escapar, no puede hacerlo por las reducidas dimensiones de las habitaciones. Y sobre todo, que haya facturas, que los propietarios hagan facturas a las chicas para evitar que puedan ser desalojadas en cualquier momento.
- ¿Cuáles son las máximas aspiraciones sociales del sindicato?
Que se mejoren las condiciones laborales, que sean dignas, que se reconozca esta profesión. Pedimos la creación de una guía para las prostitutas que se inscriben a la Brigade des Moeurs; un día de información de los riesgos sanitarios y acceso gratuito a las pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Estamos luchando por la creación de ese día de información. Queremos que las chicas que son víctimas de mafias sepan que existe una ley que protege sus derechos en estos casos. Que hay toda una estructura social que puede ayudarlas. Inscribirse a la Brigade des Moeurs y recibir toda esa información puede resultar muy útil para acabar con casos de explotación.

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