lunes, 26 de mayo de 2014

Derechos para todas. María Espinosa

Derechos para todas

0mariaMARÍA ESPINOSA. Somos muchas las feministas que reivindicamos diariamente una sociedad mejor, más igualitaria y donde se respeten los derechos de las trabajadoras
Es una evidencia decir que estoy en contra de la trata de seres humanos y de otros delitos como la esclavitud y la explotación de menores. Pero no sobra decirlo expresamente cuando hablamos de prostitución porque, en ocasiones, si no aclaramos los conceptos, se entremezclan términos sin que podamos debatir y hablar de lo que realmente queremos hablar: de la prostitución y, sobre todo, de las prostitutas.
Y quiero iniciar este texto con otra obviedad: las mujeres que se dedican a la prostitución tienen que tener los mismos derechos que cualquier otra persona. Es algo básico que compartirá cualquiera que lea estas líneas, una premisa que no es otra cosa que garantizar los derechos de las mujeres. Quizá, donde exista debate, sea en cómo lograrlo. En muchas ocasiones, al buscar mejoras para las prostitutas, cometemos la torpeza de no contar con su voz y darles la espalda; unas veces por rechazo social y otras por debates teóricos. En mi opinión, ninguna solución, ningún camino para alcanzar estos derechos, podrá dejar de lado la opinión de las prostitutas, que deberán ser sujetos activos en esta lucha y deberán ser las protagonistas de sus conquistas. El resto de la sociedad podrá opinar, acompañar y luchar con las prostitutas en este recorrido, pero las protagonistas del cambio y de las decisiones deberán ser las trabajadoras del sexo.
La prostitución tiene que ver con una cuestión de libertad individual de las mujeres, de su autonomía y su capacidad de decidir sobre su cuerpo. "Mi cuerpo es mío", en España (para poder abortar) y en China (para poder no hacerlo). Pero quedarse sólo con el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y respetar la autonomía de las mujeres es un análisis demasiado simplista, porque la prostitución no sólo tiene que ver con nuestra libertad individual; tiene que ver también con la igualdad de género y con las condiciones de trabajo. Defender el uso libre de nuestro cuerpo, implica también luchar por un entorno social donde garanticemos que las relaciones sean igualitarias y las prácticas estén basadas en el respeto. Igualmente, reivindicar los derechos de las trabajadoras sexuales implica reivindicar unas relaciones de trabajo en condiciones dignas y nunca de explotación. Y es por ello que, desde el feminismo y desde la izquierda, debemos luchar porque las trabajadoras tengan garantizado un marco donde sea posible relacionarse en condiciones de igualdad y de respeto y donde se reconozcan sus derechos sobre la actividad que realizan.
Es una certeza que las relaciones actuales, de nuestro sistema neoliberal, patriarcal y capitalista, se basan en la desigualdad, en la superioridad e incluso en la falta de respeto. Somos muchas las feministas que reivindicamos diariamente una sociedad mejor, más igualitaria y donde se respeten los derechos de las trabajadoras. No luchamos por eliminar la figura del matrimonio por el hecho de que existan relaciones matrimoniales dañinas e incluso que acaban con la vida de muchas mujeres; en cambio, si luchamos por construir una sociedad fundamentada en relaciones equitativas y basadas en el respeto mutuo.
En la lucha diaria por la igualdad nos importan las condiciones en las que viven las prostitutas y nos corresponde luchar porque tengan los mismos derechos que cualquier otra persona. Para ello, será necesario lograr que este espacio, el de la prostitución, sea también un espacio igualitario y que garantice las condiciones de vida y de trabajo. No sé cual es la hoja de ruta de otras propuestas, pero no veo otro paso que reconocer y garantizar los derechos de las trabajadoras del sexo, en este camino para conseguir unas mejores relaciones en la prostitución, para lograr que las trabajadoras del sexo tengan unas condiciones dignas de vida y de trabajo.
Se trata de lograr una sociedad donde sea posible unas relaciones de pareja sin maltrato, donde cualquier trabajador o trabajadora tenga reconocidos sus derechos y se respeten en las relaciones laborales, donde el trueque esté por encima de la mercantilización, y donde la prostitución sea ejercida en condiciones de igualdad y con pleno reconocimiento de derechos.



REFERENCIA CURRICULAR
María Espinosa de la LLave es Licenciada en Derecho y Experta en Igualdad de Género. Tras su paso por el Instituto de la Mujer y CCOO como asesora jurídica, actualmente es Diputada por Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid, siendo la portavoz de IU en la Comisión parlamentaria de Mujer.
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