lunes, 26 de mayo de 2014

Putas feministas: Mamen Briz, Colectivo Hetaira

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MAMEN BRIZ. Muchas cuestiones que tienen que ver con la corporeidad (y la sexualidad) sigue juzgándose por parte de los Estados, insólitamente en los tiempos que corren: el derecho al aborto, los derechos laborales de las prostitutas, las resistencias a facilitar las vidas de las personas transgéneros y a modificar sus cuerpos o nombrarse como deseen o la propia eutanasia
"Todo el mundo se pregunta qué hacer con la prostituta, qué ley establecer para ella, cómo organizar su vida. ¿Es que van a hacer lo mismo con los vendedores de caramelos o con los periodistas? Al fin y al cabo, ¿con qué derecho quieren decidir en nuestro lugar? ¿Para protegernos de los proxenetas? Es el pretexto. Siempre, desde hace mucho, para no escuchar nuestros problemas, para ahogar nuestra voz, se ha hecho mucho ruido a propósito del proxenetismo. La izquierda, la derecha, las feministas, los cristianos, todo el mundo quiere protegernos".
Claude Jaget, Una vida de puta (Lyon, 1975).
Ha habido dos grandes fracturas dentro del movimiento feminista español. En 1979, se divide por las dificultades de convivencia entre aquellas organizadas en el asociacionismo de mujeres de aquellas otras que militaban, además, en partidos políticos u organizaciones mixtas. La segunda fractura se produce años después, en 1987, a consecuencia de las diferentes posturas que se dan en torno a la pornografía (entre quienes la rechazan y entre quienes se plantean que la pornografía en sí misma no tiene por qué ser mala o la peor expresión del machismo). Hay un tercer gran debate encarnizado que viene a expresar una vez más la diversidad de los "movimientos feministas" y que tiene lugar en los últimos años: el trabajo sexual para unas, la prostitución como violencia de género para otras.
En los años 70, en Estados Unidos comienzan a darse los primeros pasos para la organización de prostitutas (no deja de ser curioso que se aliaran con amas de casa y lesbianas, las peor consideradas dentro del movimiento). En 1975, un grupo de prostitutas francesas se encierran en Lyon para exigir respeto y derechos. En 1980, en Bruselas tenía lugar un congreso internacional de prostitutas en donde se abogaba por: la autodeterminación sexual, el derecho al aborto, por la libertad para mantener relaciones con personas del mismo sexo, con varias personas a la vez, con gente de diferentes naciones o ideas religiosas y a practicar sexo a cambio de dinero.
En 1990, en Madrid, tiene lugar un debate organizado por la Comisión Antiagresiones en torno a la prostitución. En una mesa redonda asisten las prostitutas Carla Corso y Puri Gutiérrez, italiana y española respectivamente. Sus experiencias de vida, sus ideas en torno a la sexualidad de hombres y mujeres hicieron tambalear algunas de las concepciones que, desde el desconocimiento de su realidad, existían desde el feminismo en torno a la prostitución y las prostitutas.
Anteriormente, existían (y continúan existiendo) proyectos que facilitaban "ayudas" puntuales a las prostitutas, pero no organizaciones reivindicativas, conformadas por prostitutas y activistas, exigiendo derechos para estas mujeres eternamente olvidadas a nivel institucional. A finales de los 90 ya existen asociaciones, en diferentes lugares del Estado, con una andadura de desestigmatización de las prostitutas y, por tanto, de la actividad económica que realizan, casi todas trabajan desde la perspectiva de derechos humanos y feminista. En esos años, la inmigración de mujeres que deciden trabajar en prostitución modifica el panorama. Son años de persecuciones en las zonas de ejercicio de prostitución, por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y las expulsiones de irregulares están a la orden del día. Las inmigrantes ni pueden declarar que su actividad económica es la prostitución ni que cuentan con recursos para vivir y trabajar y poder conseguir los ansiados papeles de residencia y trabajo.
En 2003 salta la alarma de la existencia de trata de personas en Europa y algunas organizaciones trabajan para conseguir la atención necesaria hacia este problema por parte de los Gobiernos. Los esfuerzos han merecido la pena: a día de hoy el delito de trata de personas se ha incorporado al Código Penal español y, aunque con deficiencias en cuanto a la necesaria protección de las mujeres, la situación ha mejorado. Desde el punto de vista ideológico, muchas argumentaciones se basan en la existencia de trata para invalidar el trabajo del sexo y, por desgracia, en ocasiones, se ha perseguido a las trabajadoras del sexo con la excusa de la existencia de ésta. Algo que no sucede en otras actividades económicas donde también se da (el sector agrícola, los talleres textiles, etc.).
Las prostitutas estaban abandonadas a su suerte: nativas e inmigrantes son identificadas, sin motivo alguno, de forma constante por la Policía. En 2003 tiene lugar la primera manifestación de prostitutas en Madrid, a la que seguirán otras en Barcelona, casi por los mismos motivos de acoso institucional. En 2004, el Ayuntamiento de Madrid formaliza este acoso en el llamado Plan contra la esclavitud sexual de las mujeres y califica la prostitución como "una forma de violencia contra las mujeres". En 2005, el tripartito catalán aprueba la Ordenanza de medidas para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana en el espacio público de Barcelona con lo que supone de atosigamiento a las prostitutas que ya lo tienen más complicado, aquellas que captan a su clientela en la calle (esta misma forma de actuar se ha trasladado a muchos municipios).
Las manifestaciones de protesta y contra las multas hacia las prostitutas se suceden y muchas mujeres, sobre todo latinas, comienzan a autodenominarse "trabajadoras del sexo". El interés por parte de las instituciones en "criminalizar" a las prostitutas y en convertirlas en "chivos expiatorios" de cuanto sucede en las ciudades produce una mayor autoorganización, muchas no están dispuestas a que se las siga juzgando, que se siga hablando en su nombre, que se les niegue la capacidad de decisión. Las trabajadoras del sexo están cada día más empoderadas y hacen bastante ruido para exigir derechos laborales que mejoren sus vidas y sus trabajos. Tanto que algunas de ellas han ocupado las tribunas del Congreso y del Senado y se han dirigido a sus señorías reclamando derechos. Y no es algo sencillo porque, previo a ello, has de presentarte públicamente designándote como prostituta.
La situación de las trabajadoras del sexo no interesa a los Gobiernos, no es un asunto "prioritario" en sus agendas, aunque las tienen muy en cuenta a la hora de hacerles la vida algo más difícil, hablan de medidas sociales que jamás se concretan y atacan al sector más visible y desprotegido: quienes captan a su clientela en la calle.
La posibilidad de inscribirse y registrarse en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE), dentro de la categoría "servicios personales especiales" y como "trabajadora del sexo", es posible. Muchas mujeres con nacionalidad española lo han hecho. Otras comienzan a organizarse en la modalidad de cooperativa de trabajo asociado, como acaba de suceder este año en Ibiza. Pero las trabajadoras del sexo que captan a su clientela en la calle necesitan lugares acondicionados donde trabajar con tranquilidad, sin molestar ni ser molestadas, sin ser perseguidas ni ser multadas (tampoco sus clientes porque, si se les multa a ellos, ellas se quedan sin ingresos). Quienes, por el contrario, por no contar con nacionalidad española o porque prefieren la seguridad de un espacio cerrado (clubes, pisos, etc.) continúan trabajando en condiciones laborales inaceptables en cualquier otra actividad económica.
El Congreso, por su parte, acaba de aprobar multas para quienes ejerzan en carreteras y afectará a toda la geografía española y el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, ya conocida como ley mordaza, insiste en el capítulo "multas".
Mi cuerpo es mío”      es una de las consignas más antiguas de los movimientos feministas
"Mi cuerpo es mío", escribía sobre su pecho una de las mujeres que se manifestaron el sábado día 15 de febrero de 2014 en la calle de la Montera de Madrid. "Mi cuerpo es mío" es probablemente una de las consignas más antiguas de los movimientos feministas, una reivindicación que dice mucho sobre la insumisión ante los preceptos patriarcales que han dado siempre a entender que no, que los cuerpos no son nuestros, que los Gobiernos pueden hacer y deshacer a su antojo, que pueden decidir quién aborta o no, quién puede ser madre o no y con quién, que decide que las prostitutas por decisión propia han de estar bien calladas. "Yo soy fulana y tú mengana y hacemos con nuestro cuerpo lo que nos da la gana", es otra de las consignas coreadas en la manifestación, o éstas otras: "Somos guapas, somos listas, somos putas feministas", "Ni víctimas ni esclavas, nosotras decidimos".
Muchas cuestiones que tienen que ver con la corporeidad (y la sexualidad) sigue juzgándose por parte de los Estados, insólitamente en los tiempos que corren: el derecho al aborto, los derechos laborales de las prostitutas, las resistencias a facilitar las vidas de las personas transgéneros y a modificar sus cuerpos o nombrarse como deseen o la propia eutanasia.
Solidaridad entre mujeres es la esencia del feminismo, solidarizarse con las víctimas de trata supone denunciar los casos de deportaciones injustas y exigir verdadera protección sobre ellas; y también significa acompañar a las trabajadoras del sexo en sus exigencias, y actualmente no son demasiadas: que dejen de multarles y perseguirles y que se les otorguen derechos laborales, porque nadie vive mejor sin ellos.



REFERENCIA CURRICULAR
Mamen Briz es periodista (UCM) y Master en Género y Políticas de Igualdad entre Mujeres y Hombres por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ha formado parte de la Asamblea de Mujeres de la UCM, de la Comisión Antiagresiones del MF y desde su fundación, en 1995, en Hetaira. Ha publicado diferentes textos sobre comunicación en género en diversos libros colectivos y es editora, junto con Cristina Garaizabal, del libro La prostitución a debate. Por los derechos de las prostitutas. Es guionista, entre otros, de los cortometrajes Túnel número 20 (Premio Goya 2003 al Mejor Cortometraje Documental), Pelonas (Primer Premio Guiones Ciudad de Albacete 2003), Rompiendo Géneros (Premio Festival de Cine LGTB de la ciudad de Badajoz 2005) y del making of de la película Princesas, de Fernando León de Aranoa y del videoclip Me llaman Calle, de Manu Chao.

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