jueves, 13 de septiembre de 2012

"La pobreza alimenta la prostitución" Gemma Lienas , abolicionista de prostitución

Aquí Gemma Lienas con su demagogía habitual y manipulando todo lo que puede y más, y mentándome, eso si, sin decir mi nombre, ¡cómo me va a hacer publicidad!. La cuestión es que me menta diciendo que me paseo por ahí explicando que me he hecho rica. Ella misma se retrata, si ya es capaz de mentir y manipular esto, imaginense todo lo demás que manipula, como hacen todas las personas de la ideología abolicionista. Gemma, yo me metí en prostitución por estar en la misería, es decir era una Salvans, dos, he trabajado para proxenetas, atendiendo hasta quince clientes por dia y en tarifas bajas, bajas,  y tres, no me he hecho rica, sencillamente he salido de la misería y he conseguido no tener deudas y vivir sin precaridad económica, al menos hasta el momento.
He sabido sobrevivir a un entorno hostil, es decir me he despabilado para luchar contra las duras condiciones, he sobrevivido, enriqueciendóme como persona; de ser una ignorante, he podido formarme y sobre todo ser mejor persona. . Y si, si soy el paradigma de como mujeres que un dia deciden ejercer la prostitución, y asumiendo riesgos sacan a sus familias adelante y luchan por sus objetivos.  La única diferencia es que yo si que he dejado de esconderme porque ya no tengo miedo a lo que la gente diga de mi y tengo muchas mentiras que desmontar. Mis compañeras al tener más interiorizado el estigma prefieres seguir ocultas, que nadie sepa, ni familia, ni amistades ni en otros trabajos, que han ejercido la prostitución.
Al parecer si somos prostitutas que hemos progresado gracias a ejercer la prostitución resulta que no somos el paradigma, nos hemos tirado a la vida fácil. Si ejercemos la prostitución por huevos o por ovarios tenemos que sufrir y pasarlos muy mal, se nos victimiza sin tener en cuenta nuestras fortalezas y nuestras capacidades de lucha y que la mayoría no nos dejamos amedentrar. No queremos que nos salven. No queremos  que nadie tome decisiones sin contar con nosotras.
Es cierto que hay muchas mujeres en las calles pero no es menos cierto que hay un montón de supervivientes.Demostraron tener un coraje tremendo en las manifestacciones de abril, en las calles de Barcelona y de junio, en las carreteras.  Lo primero que tiene que hacer Gemma Lienas, es no hablar por boca de ellas y menos mintiendo y manipulando.
 
Para empezar  no es cierto que la mayoría de las personas que ejercen la prostitución estén en las calles ni en las carreteras, la mayoría trabajan en clubes y pisos. Las condiciones son diferentes pero hay personas que prefieren la calle que los clubs, porque se sienten más libres y protegidas y las que son independientes no quieren someterse a según que horarios y condiciones, Lo cierto es que si hay terceros las condiciones pueden ser muy duras, pero también es muy importante la actitud que se tiene a la hora de afrontar esas condiciones tan duras.
 Después hay que tener en cuenta que el colectivo que más se prostituye es el transexual que todavía tienes menos oportunidades laborales que el de mujeres.
La pobreza, efectivamente, la pobreza, es el gran qué, pero no sólo de que exista la prostitución sino de todos los males endémicos que está sufriendo toda la humanidad, la pobreza trae como consecuencia que todas los seres humanos que la padecen sufran injusticias sociales. Empezando por todos los trabajos duros y mal pagados y no vocacionales que tienen que realizar los que son pobres, es decir los que tienen menos oportunidades. La cuestión es que hay mujeres, personas que preferimos,  la prostitución que otros trabajos como el servicio dómestico, la atención a personas mayores, la limpieza industrial, o la costura. La prostitución tiene que ver más con el sistema económico-social, mientras no haya  trabajos suficientemente remunerados para todos tal y como recogen los derechos humanos y el artículo 35 de la CE, y la prostitución sea una alternativa mejor pagada porque el sexo y la afectividad son bienes escasos, y mientras no haya un cambio drástico en la sociedad y sea mucho más rentable que otros trabajos ahí estaremos.
 
Gemma Lienas también tergirvesa los conceptos; así no es lo mismo Trata de Seres Humanos que Tráfico de Seres humanos, (a ver si te enteras). El segundo negocio más importante del crimen organizado es la Trata de Seres Humanos tanto para su explotación sexual como cualquier trabajo, aquí no se trata si el mayor número de personas son mujeres, contra la Trata se ha de luchar, sean hombres, mujeres o niños o niñas. El tráfico de sere humanos es el ayudar a traspasar las fronteras de la migración ilegal. No es lo mismo aunque puede ir unido. Me remito a Palermo y el Convenio Europeo.
¡Cómo no! el 80% de las mujeres son víctimas de trata, flaco favor está haciendo a las verdaderas víctimas, afortunadamente no es así. Los balances oficiales del Plan de Lucha contra la Trata (2009,2010, 2011) así lo desmiente.
Respecto a los clientes ya lo he comentado, se le spuede criticar muchas cuestiones como que sean infieles, que no sepan abordar su sexualidad y afectividad con madurez y que utilicen la prostitución como parches a sus problemas, pero de ahí a poner el énfasis de que es el máximo responsable, de todos los males de las prostitutas, pone de manifiesto el gran desconocimento que hay de lo que pasa realmente en la habitación. Y mira por donde gracias  a estos hombres las prostitutas sacamos adelante a nuestra familia ¿que alternativa real e inmediata nos ofreces que pueda sustituir a la prostitución?.
Hay que luchar para terminar con el sistema que obliga a tener que ganar dinero para cubrir las necesidades básicas, tiene que haber una educación de la sexualidad y afectividad sana y equilibrada desde la infancia, es decir hay que desmontarlo todo y empezar desde cero.
Mientras esta nueva sociedad ideal no exista, reconocer el trabajo sexual autónomo o en cooperativas, ya que terceras personas no deben imponer condiciones, sería una gran ayuda para los hombres, mujeres y transexuales que están ejerciendo la prostitución ya que estaría menos estigmatizado y esto es prioritario para que las personas que ejercen no se tengan que esconder y puedan hablar de sus realidades sin tener que justificarse y diciendo lo que los demás quieren que digan:"Esto no es trabajo", "si me dan otro trabajo lo dejo", "esto no es vida" etc.   y también haría que los usuarios/puteros más machistas disistieran de utilizar el sexo de pago ya que no hay nada peor para ellos que el que sean conscientes que lo que la prostituta/to ofrece es trabajo. La prueba está en que en los países europeos, como Alemania, donde está reconocido el trabajo sexual la demanda es mucho inferior que la española, solo el 4%.
 
Finalmente el número que da de prostitutas en España ya es demencial,  ¡menudo ratio de muejres prostituyéndose!  Según mis investigaciones, no llegamos a las 200.000... y apunto alto, ¿cómo puede ser que en Alemania se hable de que haya 40.000 personas ejerciendo y GB unas 80.000, paises que tienen el doble de población que España... pero bueno, la cuestión es manipular y mentir lo que haga falta.

Espero que duermas tranquila Gemma, porque yo siy "Una mala mujer" pero tu eres una mala personas y no dudes que te lo diré a la cara si algún día coincidimos.
 
Antes de empezar a escribir este artículo, hojeo el dominical de EL PAÍS de hace unas semanas y me tropiezo con una fotografía de Txema Salvans. Sobre un fondo de maquinaria industrial, está sentada en un viejo sillón de escay una prostituta —Soledad la apoda Salvans—, ligera de ropa y bajo un parasol, en una carretera de Murcia. Aunque podría ser cualquier carretera secundaria de cualquier región española y podría ser cualquiera de las aproximadamente 500.000 mujeres prostituidas en nuestro país. En el breve texto que la acompaña, dice el fotógrafo que pretende provocar “un claro posicionamiento de aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas”.
¿Se referirá Salvans a quienes hacen política? ¿O tal vez apela a la capacidad que, como individuos pertenecientes a una colectividad, tenemos todos y todas? Y cuando dice “cambiar las cosas”, ¿se refiere a borrar de nuestras carreteras el triste espectáculo de estas mujeres o —si lo interpreto bien— pretende que empiecen a variar las condiciones mundiales que son las causas de esta lacra?
Veamos estas causas. Pero antes, si a usted le viene a la cabeza el recuerdo de una mujer bien vestida y con cierto barniz cultural apareciendo en un plató de televisión para presentar su último libro donde cuenta cómo se ha hecho rica ejerciendo de meretriz, borre esa imagen ya que poco tiene que ver con la que ha fotografiado Salvans, que es, en cambio, paradigmática de quienes ejercen la prostitución. Si por casualidad recuerda aquella estupenda Julia Roberts en la tramposísima película que es Pretty Woman, olvídela también; las mujeres como Soledad no acostumabran a hospedarse en una suite del Palace, con un tipo que está como un queso y cuya visa no se funde nunca.
La mayoría de Soledades que pululan por nuestras calles y carreteras y que malviven a base de ofrecer relaciones sexuales de pago a los bien instalados —incluso con la crisis, lo están mucho más que ellas— varones occidentales provienen de la miseria y siguen en ella. Porque la primera causa para ejercer la prostitución es la situación de pobreza que soportan las mujeres en todo el mundo.

Ocuparse de los cuidados de los más necesitados genera como mucho un salario emocional
Según la ONU, de los 1.500 millones de personas que viven con un dólar o menos al día la mayoría son mujeres. Y, lo que es peor, la brecha que separa a hombres y mujeres no ha hecho mas que aumentar en el último decenio. Es lo que se conoce como feminización de la pobreza.
En marzo de 2004, cuando todavía la crisis no había enseñado las uñas, la OIT advertía de que, si bien el número de mujeres que ingresaban en el mundo del trabajo nunca había sido tan elevado, estas todavía tenían que hacer frente a terribles desigualdades respecto a los varones: tasas de desempleo más elevadas y salarios más bajos. Por todo ello, a pesar de recibir remuneración, las mujeres representaban el 60 por ciento de los 550 millones de trabajadores pobres del mundo.
En marzo de 2009, ya con la crisis económica en la yugular, la OIT dijo que el número de desempleadas podría aumentar hasta en 22 millones y pronosticó que la crisis dificultaría —¡más!— “el trabajo decente para las mujeres”. No hacia falta ser la OIT para predecir que la crisis se cebaría más en las mujeres.
Vamos a detenernos un instante en comprender por qué las mujeres han participado y siguen participando en menor medida en el mercado de trabajo o, dicho de otro modo, por qué las mujeres tienen muchas más probabilidades que los hombres de vivir en la pobreza. Pues, porque a ellas les ha correspondido tradicionalmente el tiempo del cuidado, esto es, ocuparse del hogar, las criaturas, las personas dependientes y las ancianas. En definitiva, ocuparse de los cuidados que cualquier ser humano en algún momento de su vida necesita. Un trabajo que requiere mucho esfuerzo y tiempo que no estará disponible para otra actividad. Un trabajo por el que las mujeres no reciben contraprestación económica ninguna; si acaso, como un día me señaló el economista Sala i Martín, un salario emocional. Pero, obviamente, las hipotecas no se pagan con emociones.
Ese ingente número de horas invertido en el cuidado no ha sido tenido en cuenta nunca por las escuelas de economía, ya que no las han considerado economía productiva, y, sin embargo, son absolutamente imprescindibles para la sostenibilidad de la vida humana, e incluso de la llamada economía real. Ha sido necesaria la mirada de sociólogas como María Ángeles Durán o economistas como Cristina Carrasco para que entendiéramos que estas horas, monetizadas, pueden llegar a ser el equivalente de un cuarto del PIB del país.
Cuando las mujeres, formadas y conscientes de sus derechos, han saltado a la palestra del mercado laboral, no sólo han descubierto con pesar que se las obliga a desarrollar una doble jornada sino que, además, para la patronal llevan en la frente, según palabras de la matemática María Pazós, el cartel de “menos disponible”.

Uno de cada cuatro varones españoles ha sido cómplice de este opresivo sistema
En los países en vías de desarrollo, pues, las mujeres son carne de cañón para las organizaciones dedicadas al tráfico de personas (segunda causa de la prostitución), uno de los mayores negocios del mundo que, junto con el de las drogas y el de las armas, generan beneficios astronómicos. Se calcula que anualmente son traficados entre 800.000 y 1,2 millones de seres humanos, de los que el 80 por ciento son mujeres cuyo destino son las carreteras, calles, pisos y puticlubs de los países desarrollados, donde ejercerán de esclavas sexuales de varones occidentales, ya sean ejecutivos agresivos, trabajadores quejosos de ser oprimidos por la patronal, “respetables” padres de familia, niñatos que celebran su fin de curso, curas, solteros a quienes les parece menos complicado eso que ligarse a una mujer de igual a igual porque, en este caso, están obligados a satisfacerla sexualmente...
La trata de personas, pues, es consecuencia de la demanda de prostitución de los países ricos; los puteros -que no clientes- son la tercera causa de esta lacra. Se calcula que en España entre un 27 y un 39 por ciento de varones ha recurrido al menos una vez en su vida a la prostitución. Es decir que por lo menos uno de cada cuatro españoles ha sido alguna vez cómplice de este opresivo sistema.
Hasta ahora la mayoría de meretrices en nuestro país eran extranjeras. Sin embargo, la crisis está empujando cada vez a más españolas a ejercer la prostitución.
Y es que en nuestro país, las mujeres, que ya partían de situaciones precarias de empleo —temporal, a tiempo parcial (80 por ciento del total) o subempleo— y de desempleo —de larga duración o sin prestación (más del 60 por ciento de las Rentas de Inserción Mínima), sufren ahora con mayor dureza los efectos de los recortes en gasto social: reducción en prestaciones a la dependencia, menor número de plazas escolares de 0 a 3 años, paralización de los permisos de paternidad iguales e intransferibles...—.
Cambiar el destino de estas mujeres en situación de prostitución no pasa por ponerles multas como ha anunciado que hará el ministro del Interior para evitar el “lamentable espectáculo” a las mentes bienpensantes.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por platear un sistema económico justo y sostenible que incorpore en igualdad a ambos sexos.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por perseguir a las mafias y no favorecer su instalación en nuestro país con leyes permisivas y con modelos económicos basados en el ladrillo o en Eurovegas.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por transformar la mentalidad de esos varones, bien con escuelas de puteros que los eduquen, bien con multas que les quiten las ganas.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa porque los derechos de las mujeres dejen de ser derechos de segunda y pasen a formar parte de verdad de los derechos humanos.
Gemma Lienas es escritora.

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