viernes, 24 de mayo de 2013

Putas de cabecera, Paula Vip

PUTAS DE CABECERA


Los hombres tienen fama de ser infieles. Las mujeres no. Las mujeres son perfectas.
Ellos se comen una y cuentan veinte. Ellas son más discretas que fieles.
Todos se mienten y todos se sienten felices mientras no sepan la verdad.
Ojos que no ven...cuerpo en brazos ajenos a los de tu pareja.

Es curioso que sigamos unos patrones en pleno siglo XXI, que se alejan tanto de nuestra esencia como seres humanos. Ser fieles no debería ser una obligación, si no una opción.
Aunque, ¿qué es en realidad ser fiel?
¿Acaso no son fieles las parejas que practican sexo libre? ¿Las que hacen uso de los juegos de intercambio de parejas? ¿Aquellas que, son cómplices de los juegos sexuales de su media naranja, aunque no participen activamente de ellos? ¿Eso sería ser infiel?
Definitivamente NO.


Pero si uno de los dos miembros de la pareja, rompe la baraja en lo que al sexo se refiere y decide, de manera unilateral, no tener más sexo con la otra parte¿qué se supone que debe hacer el renegado sexual? Debe aceptar sin remisión el papel de célibe obligado? ¿Debe dedicar el resto de su vida al onanismo sexual? ¿Ese tipo de fidelidad debe ser aceptada y acatada si rechistar?
Definitivamente NO.


Entramos en el terreno más conocido por las profesionales del sexo de pago. El cliente fijo.
Ése que acude a nosotras, las putas, cada semana, cada quincena o en su visita mensual.
Somos esas personas que suplimos aquello que las esposas ya no desean darles a su maridos.
Y bajo esas condiciones, nos llegan unos hombres que, en algunos casos, llevan más de diez años sin tener sexo con nadie porque, sus mujeres les huyeron una vez, les rehuyeron dos y a partir de ahí, ya nunca más se acercaron a ellas. Porque, su sensación es la de ser unos acosadores y nada más lejos de su intención que, acosar a quienes aman.
Los años convierten a algunas parejas en amigos íntimos que no gozan de intimidad.
Comparten casa, cama en las ocasiones que no hay más habitaciones disponibles, comparten cuentas corrientes, propiedades y a sus hijos por encima de todo.
Los más conservadores todavía se resisten a pasar por algo tan vulgar como un divorcio.
Y los menos favorecidos, las más de las veces, no lo pueden pagar.


Buscarse una amante es lo que la gente de la calle, cree que suele suceder.
Pero y cito a estos cientos de clientes que he podido escuchar y leer a lo largo de estos años
-Las amantes acaban por crear problemas. La marinera, tarde o temprano, desea convertirse en capitana-.
Es posible que así sea. Porque, es difícil separar sexo del amor, dos conceptos que, sobre todo a las féminas nos han inculcado que deben ir unidos.
Y con el amor, con los sentimientos ajenos no debe jugarse. Hay gente que lo hace y se beneficia del amor que alguien le da de buena fé, pero en ningún caso se molesta en corresponder a ese amor y el recibido, sólo sirve para saciar su necesidad de sexo-afecto.


Y en este aspecto, las putas llenamos ese espacio que unas no quieren y otras no deben cubrir.
Porque, al contratar los servicios de una trabajadora sexual, se consigue el deseado encuentro íntimo que, será más o menos satisfactorio, en función del grado de las sensaciones, sensibilidad e impresión que se hayan causado mutuamente, los dos jugadores.
Cuando todo ocurre de un modo natural -cosa que las putas sabemos propiciar maravillosamente bien-, es fácil provocar el deseo en el hombre de volver a visitarnos.
Y de ese modo, se va creando un vínculo muy especial entre profesional y cliente que,muchas de las veces termina en una gran amistad entre ambos.
Confesiones de alcoba que trascienden, casi enseguida a sus preocupaciones por la vida, por sus hijos, por su matrimonio, por su trabajo o negocios. Por lo humano y lo divino.
Pero siempre se mantiene ese límite que, sin duda marca tan bien la transacción económica.
Tanto ellos como nosotras, tenemos claro que esa línea no se cruza.
Sin duda se genera mucho afecto y mucho cariño y una amistad sincera, pero todo se perderá cuando una de las dos partes decida que llegó el momento de no verse más.


No hay lágrimas, ni reproches. No hay despedidas a la luz de la luna. No se precisan cajas y cajas de pañuelos de papel. Sólo un respetuoso -hasta pronto- será testigo de que esa relación se terminó.
Cuando eso ocurre,queda un vacío en el alma. Aún siendo tú quién hayas decidido poner fin a los encuentros. Porque, el sexo de pago crea vínculos especialmente fuertes entre ambas partes, quizá precisamente porque no hay necesidad de mantenerlos.
A los humanos nos agrada llevar la contraria y anhelamos aquello que nos esta prohibido.
Es difícil mantener la fidelidad cuando ésta viene impuesta.
Y sencillo, cuando nada te obliga a ser fiel.


Hay varios motivos por los cuales una puta de cabecera, deja de ver a un cliente.
-Hastío
-Monotonía
-Aburrimiento
-Se pide por parte del cliente un precio inferior al estipulado
-Enamoramiento por parte de cualquiera de los dos jugadores


Una de las grandes ventajas que ofrece este trabajo, es el momento de incertidumbre que genera una corriente de adrenalina antes de encontrarte con un cliente por primera vez.
El miedo escénico. El no saber qué vas a encontrarte tras la puerta del hotel o del apartamento.
La excitación que genera lo desconocido. El besar, acariciar y enseñar a un cuerpo nuevo a darte placer y a proporcionárselo sin más cortapisas que las impuestas por ti misma en tus servicios.


Y sin duda, todas esas sensaciones se pierden con un cliente/amigo/compañero/cómplice, con el puedes llevar varios años de relación sexo afectiva. No es mejor ni peor, simplemente se pierde el contrapunto morboso que genera lo desconocido. Y se cae en el tedio que, es lo peor para el sexo. No es culpa de nadie, simplemente tras varios años de desayuno y folleteoo de folleteo y comida y/o de cena-copa-folleteo, la cosa comienza a decaer. Máxime si con ese cliente, no puedes salir de las cuatro paredes de una habitación. Al limitar el escenario del juego, éste se resiente mucho, baja la pasión y el misterio va desapareciendo.


Tales situaciones son sumamente sencillas de esquivar dentro de una relación de pareja normal, si es que existen las situaciones y las personas “normales”.La pareja puede mantener sexo dónde y cuándo quiera, lo que facilita sin duda alguna, la posibilidad de nuevos juegos y de nuevos encuentros sexuales falsamente inesperados.


En las relaciones putas-clientes, hay muchos límites. Por tiempo, por servicios contratados, por ubicación...No es algo espontáneo, puesto que muchas de nosotras trabajamos con agendas a, por lo meno, una semana vista. No follamos en la cocina mientras preparamos la cena, o en la ducha mientras los niños ven una peli de Disney. Nos limitamos a un tiempo estipulado. Y al bendito dinero que, nos salva de todo mal.
Porque, él y sólo él,suele disponer los límites de esas largas relaciones de la Puta de cabecera con sus amigos -que lo son-. Y sólo él nos recuerda a ambos que, mientras se respete y se pague, todo irá bien. El dinero es lo que tiene, te pone rápidamente los pies en el suelo. Sobretodo, si eres quién paga.


¡Quien crea que las putas somos algo así como una especie de muñecas hinchables en cuestión de sexo y que nuestros clientes nos mangonean y que ni sentimos ni padecemos tanto a nivel emocional, como sentimental, como sexual, no pude ir más errado, pobre incauto!


Las putas seguimos encarnando el deseo con mayúsculas, el placer de lo eternamente prohibido, el desafío de ir contra corriente a lo enseñado, a aquello que se ha establecido como de buena moral.
Sin embargo, si hacemos caso a las estadísticas, el 90% de los españoles han acudido en alguna ocasión a solicitar servicios de sexo de pago.
Ocurre pues que, si miramos a nuestro alrededor, una grandísima parte de los hombres que nos rodean han sido, son o serán puteros alguna vez.
Y eso, desgraciadamente para los sectores más rancios de esta sociedad hipócrita y desfasada, no les convierte en peores personas, ni en peores hombres.
Sólo en seres que buscan afecto a través del sexo comprado. Es por ello que tantas veces se oye a las putas decir que sus clientes muchas de las veces,no follan con ellas, sólo charlan y se desahogan. El sexo está a la venta, el afecto no. Por ello recurren al sexo de pago.
Tal vez el día que establezcamos servicios sólo de afecto, también descubramos un potencial nicho de mercado que, no sería tan detestable como se pretende hacer creer a la sociedad, que es el mundo de la prostitución.


Después de todo,nosotras ocupamos espacios que otras mujeres no desean cubrir. Que otras mujeres cierran a cal y canto a los que, un día fueron sus cómplices sexuales. Y hoy sólo son una molestia al otro lado de la cama.


Nunca pensamos en las putas como personas encorajadas y valientes, si no como seres inferiores que son ultrajados, violentados, vejados y violados una y mil veces.
Y esas perversiones que, desgraciadamente existen, esas personas que son explotadas a diario, son víctimas de redes de trata de personas, sea con fines de explotación sexual o de cualquier otro tipo. No forman parte de la prostitución. Y lo digo con alivio y con orgullo.
Al igual que no forma parte del colectivo de agricultores, aquellas personas que son obligadas a trabajar 15 horas en los campos de cultivo sin salario,sin seguro social ni médico y sin más contraprestación que, la palabra de unos mafiosos diciéndoles que así conseguirán pagar su deuda, contraída intentando vivir una mejor vida.


Las mujeres que ejercemos de putas, de Putas de Cabecera, al igual que los antiguos médicos de familia, somos el alivio de todo mal. Putas-Mujeres,Mujeres-Putas.
Fuertes y decididas. Orgullosas y libres.
Nadie mejor que nosotras, sabemos qué pensamos y qué sentimos.
Putas porque podemos y porque queremos. Y casi felices. ¿Tú puedes decir lo mismo del trabajo que ejerces actualmente?

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