miércoles, 28 de noviembre de 2012

Juana Gallego: "El cine no trata a las mujeres prostituidas como seres humanos"


De entrada cuando Juana Gallego dice mujer "prostituida", también está ejerciendo violencia contra la mujer que ha decidido ejercer la prostitución ya que no reconoce sus capacidades de tomar decisiones y de asumir riesgos siendo consecuentes con sus actos. El cine reproduce estereotipos  y situaciones que se dan en el contexto de la prostitución y si hay algo que se pone más en evidencia es el estigma, como se discrimina a la mujer que ejerce la prostitución. Si, es cierto el cine no trata a las mujeres que ejercen la prostitución como seres humanos, envía el mensaje de que no te hagas puta porque si te haces puta te espera lo peor, en la mayoría de las películas mueren las prostitutas y, sino, las rescata un hombre "bueno" que cuida de ellas y las redime o se vuelven monjas, esto es en la mayoría, mujeres putas e independientes pocas se ven en el cine pero ¡vamos!... lo mismo que las otras mujeres que salen en cualquier otra película... a ver ¿cuántas mujeres salen en el cine independientes, que toman decisiones, que no se someten a los cánones de la moda,  que no son esclavas del amor romántico, que no quieren casarse ni formar una familia, que no quieren ser madres, que realizan el trabajo que les gusta.

Respecto a la violencia en general contra las personas, varones y hembras, ya se inicia en la infancia, cuando padres y madres no dan amor a sus hijos, cuando no son atendidos en las necesidades afectivas, cuando se castiga lo que se hace mal pero no se premia lo que se hace bien, cuando los progenitores proyectan sus frustraciones en los/as hijos/as no se da el amor, cuando en el colegio, son sometidos a una educación hegemónica que no tiene en cuenta las inquietudes de los peques, empieza a inculcarse la violencia cuando a los varones les reprimimos las emociones y les damos armas para que jueguen, y les ponemos delante del televisor...¿sigo?




dimecres 28 de novembre de 2012
 
Juana Gallego: "El cine no trata a las mujeres prostituidas como seres humanos"
Aunque no es exactamente realidad, el cine forma parte de ella y, por lo menos en la gran pantalla son las mujeres prostituidas las que más violencia reciben. La proyección social de esa violencia contribuye a normalizarla y a mitigar nuestra capacidad de reacción ante esa injusticia.
Como una constante que recorre la historia del cine, las mujeres prostituidas siempre aparecen asociadas a la violencia, de las más de 300 películas analizadas por Juana Gallego (Putes de pel·lícula, la violencia de les dones en el cinema analizadas, en casi todas aparecen episodios de violencia (puede ser mortal, una paliza, violación, vejación y humillación) a lo largo de la historia del séptimo arte.
Incluso en las películas más edulcoradas como Pretty Woman o Irma la Dulce, aparece la violencia hacia la mujer prostituida, además, en la mayoría de títulos “las mujeres prostituidas no son tratadas como seres humanos”, afirma Gallego en el que incluso la prostitución suele ser la excusa que canaliza la violencia narrativa, “eso es porque, como espectadores, de alguna manera tenemos interiorizado este trato”, como sucede en La vida de las marionetas de Bergman, en la que un burgués, ante la imposibilidad de asesinar a su mujer, decide matar a una prostituta, “debido a la seguridad que le confiere la impunidad”.
En ninguna de las etapas del cine, se plantea la prostitución como problema ni como denuncia, jamás se adopta la óptica de que es un sistema injusto para las mujeres, sino como algo natural, que no hace falta conceptualizarlo como problema, reflexiona la catedrática de la UAB.
La violencia contra las mujeres es un tema incómodo, difícil, pensamos que los conflictos están lejos, en Palestina, Siria, África, en lugares en los que podemos decir que no nos afecta, pero la violencia contra las mujeres nos afecta a todos a hombres y a mujeres, no podemos decir que no nos concierne.
En el caso de los hombres, se sienten atacados con algo que les remueve por dentro, como parte del género agresor, y a las mujeres nos apodera ese sentimiento de rechazo, de que “a mi, eso no me afecta”. Es un temor que está dentro de nosotros y por eso es difícil de absorber racionalmente.
A su vez es un fenómeno internacional que sucede en los países desarrollados, en los más punteros, en los emergentes, en los más pobres, en los que están en vías de desarrollo. Ahora bien, no en todos los lugares la violencia tiene el mismo cariz.
Se presentan dos tipos de violencia, para Joana Gallego, la que se infringe en el ámbito público (en todos los escenarios públicos) y la que se da en el privado (escenarios, íntimos, domésticos, en ámbitos no expuestos, en el refugio de las personas. Por supuesto, ambas violencias están tratadas con desigual interés, y especialmente la que se sufre en el espacio privado se ha velado a la mirada de los medios y de los políticos. Un espacio, el privado en el que se ha permitido que se produjera violencia, abusos de género, pero también hacia los menores, por ejemplo y ha sido ese velo, que ha impedido desvelar lo que ocurre en los hogares el que ha sido la causa de negación o de obviar ese tipo de violencia.
Eso hace que no haya culpables, aunque sí víctimas, toda la sociedad lo ha hecho posible pero no toda en el mismo grado de implicación.
Ahora tenemos estadísticas, pero no es un fenómeno actual. No es que no existía, es que no aparecían.
Antes los medios de comunicación obviaban el problema, lo consideraban como algo normal, igual que ahora es la prostitución.
Ahora bien, aunque sea un problema social, no todos hemos tenido la misma responsabilidad.
La Policía se ha convertido en una de las instancias más disuasorias para que denuncie una mujer, la Justicia actúa (en su mayoría) minimizando estos acontecimientos, hasta hace poco, para que se sentenciase una agresión tenía que ser si acababa en asesinato. L a Iglesia colabora en esta oscura trama exculpando a los agresores de esta violencia, porque la ha justificado, el papel de las mujeres que divulga la iglesia es como exculpadora de esta violencia porque la ha justificado, las mujeres tienen que ser abnegadas y sumisas. La asistencia hospitalaria cada vez que no aplicaba el protocolo ante “las mujeres que se golpeaban contra las puertas”, y por parte de los medios, cada vez que ignoraban las violencias contra las mujeres o la trataban de forma superficial, en forma de suceso (un acontecimiento impredecible, sin explicación racional y desconectado, aleatorio).
La violencia es un problema social y no un acontecimiento privado.

AGENCIA EFE 

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