miércoles, 28 de noviembre de 2012

Trabajadora sexual y madre


La traducción al español que prometí:

Las mismas conclusiones a las que he llegado yo (ella en Australia, yo en Barcelona y prometo que no os conocemos de nada... Todo y que yo empecé a trabajar en pisos, locales, clubs y trabajé para terceros en condiciones muy duras al 50% de las tarifas. 
Que se sepa el intercambio de sexo por dinero tiene dos caras, las sórdida, la de la trata, la de los extorsionadores, pero también la de mujeres independientes y fortalecidas que simplemente trabajan para salir a delante, como todo el mundo.  Hay que terminar a de una vez con el estigma que hace que se escondan para que puedan aportar sus testimonios sin miedos, para que se conozcan todas las realidades.
Ah! y me encanta esta definición de feminismo, me quedo con ella.


Esta “amiga” mía dice que es feminista. Pero, a mi entender, la palabra “feminismo” se refiere a conseguir que las mujeres puedan tener el derecho y la libertad de tomar sus propias decisiones. Tengan que ver son el trabajo, el voto, el sexo, la autonomía, el sexo o lo que sea. Se refiere a la libertad de elección y, en mi opinión, no debería ser condicional. Debería ser, sólo.



http://www.mamamia.com.au/relationships/every-coin-has-two-sides-the-sex-industry/
por EVA SCHLESS
Tengo un problema. El problema es que estoy enfadada. Realmente enfadada e intentando escribir. No me gusta escribir cuando estoy enfadada porque dejo un montón de puntos sin tratar y me vuelvo un poco gritona y mal hablada lo que, a su vez, me hace parecer una niña petulante que no se ha salido con la suya.
Así que voy a tomar nota de unos pocos puntos ahora, antes de que se me olviden, y volveré luego, cuando esté un poco más calmada.
Vale. Un poco más calmada… Un poco…
Mi enojo comenzó el sábado por la noche cuando una amiga escribió un estado en Facebook. El estado preguntaba que, si el trabajo sexual era tan reforzante como algunas trabajadoras sexuales “dicen” que es, ¿animarían a sus hijas a entrar en la profesión? Y a continuación se contestaba que no, que desde luego que no lo harían porque en realidad es un trabajo degradante y explotado y ninguna mujer se sentiría nunca orgullosa o “empoderada” por él.
Después repartía algunas “estadísticas” que mostraban que la mayoría de chicas que entran en la profesión lo hacen sólo por su adicción a las drogas y, en último extremo, por desesperación. Aseguraba que las trabajadoras sexuales que defienden lo que hacen como una cosa positiva sólo se están engañando a sí mismas, ya que todo el mundo sabe que no hay nada fortalecedor o positivo en el trabajo sexual…
Dice esto sabiendo perfectamente lo que yo hago. Que soy una trabajadora sexual. Que soy también madre de una hija. Y que mi mundo, mi trabajo, mi carrera —ha sido construido con lo positivo del trabajo sexual.
Mi amiga está equivocada. Y por la siguiente razón:
Cuando se trata de mi hija y lo que yo la “animaré” a hacer, eso no tiene nada que ver con un trabajo o un título específicos y sí tiene todo que ver con darle las herramientas para que haga elecciones y tome decisiones por ella misma.
La “animaré” a ser una persona buena y decente. A tratar a los demás con respeto y no juzgar a nadie por sus apariencias, su origen, a quién aman o qué hacen para vivir. La “animaré” a hacer sus elecciones bien informadas y a vivir su vida de una forma que la haga feliz, satisfecha, plena y confiada. Que ese futuro trabajo sea de cirujana o de trabajadora sexual es algo que sólo ella debe decidir y, si yo hago mi trabajo de madre adecuadamente, será para ella la elección correcta.
No puedo compartir el sermón mal informado e ignorante de que el trabajo sexual no es fortalecedor o una auténtica “elección”.
El trabajo sexual es trabajo.
Lo voy a explicar de una manera muy sencilla:
Amo el sexo. Lo AMO j*didamente. Lo he amado incluso antes de que supiera lo que era o de que supiera que era eso del patriarcado. Todo lo que sabía era que había algo allí abajo que daba mucho gusto.
Según crecí y aprendí más de ello, lo amé más aún.
Y cuando comencé a hacerlo… me dí cuenta de que yo era realmente buena para ello.
Así que, algo que realmente me gusta, para lo que soy buena y por lo que puedo ser pagada, ¿es algo que NO puede ser mi elección?
Trabajo para mí. No tengo chulo, ni administrador, ni burdel. Sólo yo y unos pocos anuncios repartidos por el lugar, pero ¿estoy siendo obligada a hacerlo? No. De verdad que no. Y decir lo contrario es insultante e ignorante.
Ahora veamos el tema de la “explotación”. Pero antes de continuar expondré mi habitual descargo de responsabilidad: soy consciente de que la industria del sexo no es perfecta. Soy consciente de que hay muchas, muchas chicas que están siendo forzadas a hacer este trabajo. Víctimas de trata y esclavizadas.
Sé que hay problemas de drogas, violaciones y agresiones. Sé que hay hombres que explotan esta industria hasta el punto de que hay chicas que son asesinadas mientras trabajan. Conozco esto. He empleado los últimos quince años o así en investigar, escribir acerca de ello, hablar de ello y hablar a las trabajadoras sexuales. Conozco el tema. Sé que hay un lado oscuro horrible y nunca lo ignoraría o pretendería que no existe..
Sin embargo (y es un gran “sin embargo”), toda moneda tiene dos caras, y hay algunas caras verdaderamente asombrosas, positivas, en la industria del sexo. Por ejemplo, cuando mi “amiga” se refiere a las personas que usan el servicio, asegura que lo único que están haciendo es degradar a las mujeres y usarlas y verlas nada más que como objetos. Y me pregunto que le diría a uno de mis clientes, Phil*.
Phil recibió un tiro en la espalda cuando tenía nueve años en un accidente en la granja. No tiene sensibilidad de cintura para abajo y va en una silla de ruedas. También es muy tímido y le cuesta mucho hablar a las mujeres y mucho más pedir una cita o intimar con ellas.
Pero es humano. Tiene necesidades y deseos. Me llama cada pocas semanas y voy a su casa a pasar unas pocas horas. Es un chico divertido y lo pasamos en grande. Besa muy bien, teniendo en cuenta que no ha besado antes a muchas chicas, y sabe muy bien cómo usar sus manos y su lengua.
Sí, me paga por mi tiempo. Es mi trabajo. Pero hay veces que voy a pasar el rato y tomar un café con él sólo porque me apetece —porque nos llevamos bien. Charlamos por teléfono cuando se siente solo y hasta he ido a cenar con él y con mi marido. De verdad me gusta y yo le gusto a él.
Si no fuera por mí, él no tendría absolutamente ninguna intimidad sexual y pienso que esto es una auténtica vergüenza. El sexo es una necesidad humana básica, como el alimento y la vivienda, y la gente se puede pirar si no lo tiene.
Phil no es mi único cliente discapacitado, veo a un par de chicos con problemas de motilidad y otras discapacidades, pero que son seres humanos con sangre en las venas que quieren y desean contacto sexual y tienen dificultades para conseguirlo por su situación.
¿Sólo me están explotando? ¿No es (si lo piensas detenidamente) casi lo contrario? Quiero decir que me están pagando trescientos o cuatrocientos dólares la hora por algo que es gratis para casi todo el mundo.
El trabajo sexual es trabajo.
Después están mis clientes femeninas. De hecho, cada vez veo a más y más mujeres, pero hay dos a las que veo mucho. Una es un ama de casa bisexual aburrida a la que le gusta pasarse los días en la cama viendo porno lésbico y comiendo coños, y la otra es una lesbiana que trabaja tantas horas y viaja tanto que no tiene tiempo para una relación o ni siquiera para quedar con alguien para tener sexo ocasional.
¿Me está explotando? ¿Es sólo una jodida y sórdida misógina que quiere humillarme y utilizarme? No. Simplemente está pagando por lo que no tiene tiempo de hacer de otra manera.
Está Gary, que acaba de divorciarse y no quiere de ninguna manera una relación, pero que todavía quiere tener sexo. Está Fred, que a sus treinta años era aún virgen y tenía miedo de decepcionar a una pareja potencial, por lo que quería algunos consejos. Harold tiene 70 años y su mujer murió el año pasado. No tenemos sexo, pero le gusta abrazarnos y hablar de los días en que él y su mujer tenían una vida sexual maravillosa.
De hecho, muchos de mis clientes no quieren sexo. Quieren compañía y conversación.
Susan tiene una endometriosis muy mala. Auténticamente severa. No puede tener sexo en absoluto. Le es doloroso, incómodo y molesto. Y me refiero a todo el sexo. No solo a la penetración. A menos de que tome medicación superfuerte para el dolor todos los orgasmos le resultan dolorosos y, debido a que la medicación tiene ciertos efectos secundarios severos, no suele tomarla con frecuencia.
Pero sí quiere que su marido pueda tener vida sexual y por eso me llamó. Fui a tomar café con ella y hablamos largo rato del asunto y ahora, aproximadamente una vez al mes, voy donde viven y paso una hora con su marido. A veces está ella y a veces no. Pero el arreglo les funciona muy bien y tienen una relación maravillosa y fuerte.
Veo a parejas que quieren experimentar y dar un toque picante a su vida amorosa haciendo un trío. Veo a personas que han perdido a sus parejas por enfermedad o accidente. He dedicado incluso tiempo a un hombre muy gay que sólo quería estar seguro de que era gay (es una larga historia, tengo un blog acerca de ella, lo postearé algún día).
No creo que ni una de esas personas esté explotándome o utilizándome o tratándome sólo como un objeto. Decir esto es casi como decir que yo, como mujer, no tengo permiso para disfrutar o ser promiscua con mi vida sexual porque el sexo placentero no ligado a una pareja es puramente territorio de los hombres y, de cualquier modo, los hombres sólo quieren el sexo para usar a las mujeres.
Es muy insultante para cualquiera de ellos (y para mí) hacer esa afirmación.
Escojo el trabajo que se adapta a mis necesidades.
Diré otra vez que este trabajo es mi elección y que amo j*didamente cada maldito segundo de él. Decir que no es cierto es ridículo.
He hablado con más de doscientas chicas trabajadoras sexuales en los últimos años y puedo deciros como hecho absoluto que sólo tres de ella entraron en este trabajo como último recurso. Ninguna de ellas lo hizo para pagarse una drogadicción.
También os diré que en este ramillete de doscientas chicas hay estudiantes de derecho, estudiantes de medicina e incluso una pareja de oficiales de policía. Hay madres y esposas. Hay mujeres que ahorran para comprar una casa. Mujeres que apoyan a sus familias porque sus parejas no pueden trabajar por la razón que sea. Y hay mujeres que, como yo, lo hacen sólo por el sexo. Sí, hay dinero por medio. Es un trabajo. Pero decir que es sólo por dinero es estúpido. Quiero decir, ¿¿harías TU trabajo gratis??
La diferencia es que yo raramente llego a casa del trabajo con un humor de perros por tratar con toda esa mierda con la que la mayor parte de la gente trata cada día con sus jefes, sus compañeros y los trabajos que tienen que hacer. Yo obtengo juegos y risas y bromas y orgasmos en mi trabajo.
Esta “amiga” mía dice que es feminista. Pero, a mi entender, la palabra “feminismo” se refiere a conseguir que las mujeres puedan tener el derecho y la libertad de tomar sus propias decisiones. Tengan que ver son el trabajo, el voto, el sexo, la autonomía, el sexo o lo que sea. Se refiere a la libertad de elección y, en mi opinión, no debería ser condicional. Debería ser, sólo.


*Todos los nombres han sido cambiados, excepto el de Eva misma.

Eva es una escritora independiente radicada en Melbourne. Que escribe mucho de sexo, trabajo sexual, industria sexual y Tim Tams. A veces escribe también de otras cosas. Podéis seguir su blog aquí.

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