jueves, 1 de noviembre de 2012

La prostitución. Artículo opinión Mikel Arizaleta


El abuso es abuso, ¡pero déjenles hablar a ellas, saben defenderse, no las sustituyan!

Días atrás publicaba Belén Martínez, técnica de igualdad, un largo artículo sobre “Prostitución y la Diputación”, en la que en base a dos informes, uno del gobierno holandés, el informe Daalder, y otro de la Policía Nacional, abogaba por el modelo abolicionista de la prostitución, que considera la prostitución “como un pilar de la organización patriarcal y mercantilista del mundo, como una manifestación de la violencia ejercida contra las mujeres. Y de acuerdo con la Convención de Palermo el modelo abolicionista, decía,  se sustenta en la defensa de los derechos humanos de las mujeres y en su liberación de toda explotación sexual.
El artículo era una queja amarga en contra de la dirección de Igualdad de la Diputación Foral de Gipuzkoa y la asociación Aukera, que en colaboración con la UPV y el Master de Igualdad de Mujeres y Hombres habían organizado unas conferencias bajo el lema Nosotras: Encuentro estatal para la Creación de Alianzas entre Entidades que apoyan a las personas trabajadoras sexuales, organización que, según Belén Martínez, suponía “la canonización del discurso prelegalización” y criticaba a la Diputación por acoger en Donosti un evento con densidad estatal española.
Lo que Belén Martínez propone es la abolición de la prostitución para evitar la violencia contra las mujeres, la amenaza, la coacción y el abuso de poder. Es un sector en el que se da una criminalidad internacional organizada (tráfico de mujeres, niñas, droga…)
Belén Martínez  aporta reflexión, alude a informes concretos, a voces feministas, forra y encuaderna con nitidez su teoría pero se echa en falta, muy en falta, la voz de las prostitutas. ¿Y ellas qué piensan? Yo he conocido enla Universidad a estudiantes de diversos países y status que se financiaban en base a polvos. ¿Son las mismas de las que habla Belén Martínez? Sin duda, que estas y otras parecidas conforman un tanto por ciento muy exiguo del conjunto. Pero no  por eso deja de ser una respuesta.
Al tratar de la prostitución a mi modo de ver hay que distinguir dos problemas: lo que tenga de maltrato, sumisión, violencia, engaño, falsificación… Y la profesión o el modo de vida como tal. Y digo dos cuestiones porque, a mi modo de ver, hay violación de la dignidad de la persona humana (muy frecuente y muy extendida a diversa escala en nuestra sociedad, en el trabajo y en el quehacer de nuestra vida) y un prejuicio social y/o cultural contra este oficio. Yo he acompañado a las Cortes de Bilbao a padres a rescatar del burdel a su hija drogadicta que se estaba prostituyendo para obtener heroína y he acompañado a padres a buscar a sus hijos que estaban detenidos en un cuartel de la guardiacivil. Con parecido dolor y angustia por parte mía y de los familiares. El maltrato, la sumisión, el chanchuleo, el ningunear, la sumisión… es una cosa. Y, sin duda, en la prostitución se da también y de manera grave, pero no exclusivamente. Si se quiere evitar todo este aspecto de amenaza, coacción, abuso… se puede, yo creo, perfectamente. Vigilancia y control y no amparo policial y chanchuleo con traficantes. Pero ese es otro tema. En este negocio las instituciones y autoridades tienen poder y control. Si se quiere se puede evitar, al menos en nuestras ciudades y pueblos.
Pero el otro, el segundo, ese prejuicio social/cultural que se extiende sobre este negocio, en general sobre  las relaciones sexuales me parece vetusto, bastante cristiano hipócrita y poco ; claro luego los Kinsey-Reports daban como resultado que el 50% de los maridos americanos habían sido infieles a sus esposas por lo menos una vez. Ya G. P. Murdock en su libro Social Structure de 1949 hablaba de que tras examinar 248 culturas diferentes o pueblos que la “prohibición de toda relación sexual fuera del matrimonio es sumamente rara fuera de la esfera de influencia cristiana”, y calcula que una prohibición general de relaciones sexuales fuera del matrimonio existe a lo sumo en un 5% de todas las culturas de la tierra.
El abuso es abuso, y más abuso cuando se practica sobre una persona débil, necesitada, enferma, indefensa, frágil, pero en cualquier campo donde eso se dé, que hoy por desgracia es amplio. Es claro, aprovecharse del necesitado es indigno y debe ser sancionado gravemente. También en este caso. Pero abolir la profesión por abuso me parece grave, me parece errar el tiro, cerrar los ojos a la violencia, colaboración institucional, policial y judicial con la violencia y con quienes la practican. ¡Pero déjenles hablar, apoyémoslas, saben defenderse!¡No las sustituyan!
Y la censura a la Diputación por organizar en Donosti un evento estatal español me parece pasarse tres pueblos. Porque ¿qué pasa con el festival de cine? ¿Y con la Universidad y sus cursos?

No hay comentarios:

Publicar un comentario